EL FIN DE DANFORD SE ACERCA

Cerrando el círculo de la historia de Danford…

¡Me alegra verte de nuevo por aquí!

Hoy me tomo un descanso de películas y series, puesto que esta semana ha sido bastante movidita. Y ¿por qué? Pues de la razón es de lo que trata mi entrada de hoy.

Mi nueva novela.

Sí, la última parte de mi trilogía está en proceso. Y vaya proceso, va viento en popa. O sea, que si ya has leído las dos novelas anteriores, se te habrá hecho la boca agua sabiendo que el final de esta historia está cada vez más cerca. Porque reconozco que el hype del final de la segunda novela fue demasiado. Incluso para mí.

Si te acabas de incorporar a la web, o no has leído mis posts anteriores acerca de mis novelas, puedes saber un poquito más aquí o aquí, e incluso aquí. He escrito varios posts acerca de la historia de Danford. Al fin y al cabo, son mis pequeños tesoros y tengo que hablar de ellos.

He de admitir, que la idea principal acerca de la sinopsis de esta última parte la tenía muy clara. Tanto el inicio, como el final. Normalmente es mi manera de escribir. Historias inconexas, situaciones rocambolescas y luego comenzar a buscar los nexos de unión entre ellas hasta crear la historia completa. Eso hice al escribir la segunda parte (puesto que la primera se escribió de otra forma muy diferente), y por supuesto, eso es lo que estoy haciendo con esta tercera. Pero aun sabiendo el destino de muchos de los habitantes de Danford, me encontraba muy bloqueado para escribir algo que me gustara lo suficiente.

Normalmente el verano siempre me deja bastante aplatanado, con pocas ganas de sentarme delante del ordenador. Es así, no soporto el calor, al menos el calor de mi ciudad. Demasiado sofocante. Pero no me preguntes la razón, este verano me ha provocado el efecto inverso. Es decir, de sentirme bloqueado ante páginas en blanco, se ha vuelto la tortilla y estoy, por decirlo de alguna manera, en un frenesí de tecleo continuo. Y ¿por qué llegó esta inspiración? Por el bloqueo que tenía ante Danford y su final, empecé a escribir una nueva obra teatral cómica, titulada “Esto no es un cuento de hadas”. Y creo que haber escrito esa obra teatral, con el miedo que ello me provocaba (puesto que nunca he escrito comedia), me desbloqueó de alguna manera la inspiración para volver a sentarme frente a Danford.

Obviamente, ni pienso hacer spoiler de las novelas anteriores, ni haré adelanto de lo que va a suceder en la nueva entrega. Pero si te voy a contar un poco cual es el círculo. Como buen final, mi intención es no dejar cabos sueltos. Cerrar todas las historias, tanto las de la primera parte, como las de la segunda. ¿Y eso qué significa? Fácil. En la historia de Danford hay muchos personajes, eso ya lo sabes. Todos no tienen la misma importancia, eso es cierto, pero quiero que todos los personajes que han pasado por mis páginas, tengan una mención en la última parte de la historia. Y eso no les va a convertir en personajes principales, ni mucho menos, pero sí creo necesario que al terminar de leer la tercera parte, nadie se pregunte cosas como ¿y qué pasó con esta chica? ¿O con aquel hombre? De ahí que todo va a estar muy bien hilado. Cosido y rematado.

Como ya te comenté, la primera parte transcurre en 1997, la segunda en 2007 y esta última tendrá lugar en el año 2017, en época pre-pandemia (quién nos lo iba a decir). Y trataré de estar a la altura de las expectativas que dejé con el final de la segunda parte. Lo cierto es que me siento muy contento con el camino que está tomando ésta nueva novela. La idea es muy interesante, va a sorprender más de lo que la gente espera y va a ser un cierre de traca. No es ego, dios me libre, nunca he sido así. Pero este desbloqueo, además de incitarme a escribir sin parar, me ha abierto la mente a una cantidad de historias, giros y sorpresas que hasta yo mismo me estoy emocionando. Creo que va a ser un final apoteósico, tanto para los habitantes de Danford como para los lectores.

Y creo que hasta aquí el post de hoy. Así que como hoy te contado las novedades acerca de Danford, te recuerdo que tienes disponibles aquí en la web mis dos novelas, que te llegarán dedicadas de mi puño y letra. Oye, que quizás algún día sea una firma codiciada… ¿A qué esperas para hacerte con ellas?

¡Nos vemos pronto!

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Suicidio del 97

ES FÁCIL: NO ME GUSTA

Si no aprendemos a respetar, mal vamos…

Pues aquí estoy de nuevo para tratar de aclarar un poco la situación que se está viviendo estos últimos años por el ciberespacio. O al menos, darte mi sincera opinión.

¿En qué momento sobrepasamos la libertad de expresión y la transformamos en falta de respeto? Básicamente, en el preciso instante que tus dedos teclean cualquier cosa que no sea un “a mí no me gusta”. Así de simple. Cuanto más mayor me hago, más me sorprendo de hasta a qué niveles, el ser humano (el español, para más señas, ya que es el que más veo) es capaz de vomitar bilis con la misma facilidad que se suenan los mocos.

Y claro, te preguntarás que a santo de qué estoy yo hablándote de esto. Pues por Eurovisión. Si, visitante, por el Festival de la canción. Situémonos. Soy fan de este certamen desde que era bien pequeñito. Recuerdo haber visto a mi grupo favorito de la época “La década prodigiosa”, cantar aquello de “Made in Spain”, ver a Sergio Dalma darlo todo, a Anabel Conde rozando la gloria. A Pastora y a Ruth entregarse en cuerpo y alma. Y muchos y muchos más. Lo disfruto como si fuera el fin del mundo. ¿Dónde me diferencio de los eurofans? Vale, no me iría a verlo en vivo, ni me subo por las paredes con los eurodramas. Me molestan, puede ser, pero creo que hay cosas más importantes en mi vida, que dar vueltas y vueltas a temas que yo no puedo cambiar. Y me encantan los eurofans porque lo dan todo y eso mola (en el futbol también, que aquí no se escapa nadie).

Ahora bien, aquí viene el primer bache. Si tú decides quedarte en tu casa a ver la final de la Champions, ¿a mí qué? Si te vas de una reunión porque dan la final de “Supervivientes”, ¿qué me importa a mí? Nunca se deben juzgar las prioridades de cada uno. Pero si un fan de eurovisión se queda en casa para ver el concurso, es que la gente se echa las manos a la cabeza. Repito. Respeto. El mismo que yo te demuestro cuando te vas a ver el futbol, deporte que a mi NO ME GUSTA. Yo he tenido que justificarme y no cambiar un turno de trabajo a un compañero porque daban Eurovisión y recibir esa mirada de “venga ya, ¿por ver esa mierda?”. Y dignamente decir que sí y darte la vuelta, sintiéndote un mal compañero. Cosas de la vida. Pero claro, sería maravilloso si nos quedáramos en ese límite entre gustos y aprendiéramos a respetarlos. Por desgracia, vamos un pasito más allá. Y dentro de los mismos gustos, también encontramos a gente que se siente con el derecho de sobrepasar ese NO ME GUSTA.

Retomamos el Festival. Me sorprendieron Tanxugueiras; Rigoberta NO ME GUSTÓ. Primera debacle. Aquí o eres de un bando o eres de otro. No se permite el gusto variopinto. Y mucha gente no acepta que tus gustos no coincidan con los suyos, que por supuesto, creen sacrosantos. Si a mí no me gustó el mensaje que enviaba Rigoberta (por parecerme desfasado y cansino), ¿no entiendo de música? ¿Soy machista? ¿Voy en contra del progreso? No señores, NO ME GUSTA y punto. Tampoco me ha gustado nunca Nirvana o Eminem y nadie me ha crucificado por ello. Pero en Eurovisión, mucha gente sí lo vive de esa forma. O conmigo o contra mí.

Chanel no era para nada mi favorita. Es así. O sea, que no es una defensa de un fan acérrimo desde el minuto uno. Para nada. No era ni mi segunda, ni mi tercera opción. Es la realidad de lo que yo sentí al escucharla. Me pareció más de lo mismo. NO ME GUSTA el reggaetón, lo siento. Nunca me ha gustado, entonces no era mi favorita. Y ahí está la magia del equipo de esta cantante. Han conseguido convertir una canción simplona, repetitiva y probablemente olvidable tras las resacas de verano, en un espectáculo único e inolvidable. Lo digo con tanta certeza, porque no vi el Benidorm Fest, solo escuché las canciones en mi coche entre ensayo y ensayo. Y lo que yo vi el sábado en el escenario de Turín, me dejó con la boca abierta. La mandíbula desencajada y hasta puedo decir que se me saltaron unas lágrimas de la emoción. Emoción ante tanta pasión por tu trabajo, ante esa dedicación, esa perfección de movimientos, ese conjunto impecable.

¿Hubiera quedado mejor una teta en el escenario y Rigoberta saltando? Pues puede, quién sabe. Pero es algo que nunca sabremos. Pero es que a mí no me importa. Ni que Tanxugueiras pudieran haber dado el pelotazo. ¿Qué más da? Chanel fue, vio y venció ante todo pronóstico y ante toda crítica, que ha sido mucha. Más bien demasiada. Ese límite de NO ME GUSTA que tanto odio que la gente sobrepase. Me produce pena, el ver como hay gente que disfruta con ello, porque si navegas con frecuencia, aprendes a leer comentarios desafortunados y mensajes de desprecio. Sabes diferenciarlos. Y hay más de lo segundo.

Sorpresa tras el festival. Ahora las críticas vienen acerca de ser la única diva con show ligera de ropa. Letra basura, baile grosero, vergüenza para las mujeres (dicho por mujeres, lo siento, es así). Y lanzamiento de insultos, defensas, críticas, vamos, un show. Y mi pregunta es la siguiente: el hecho de haber quedado terceros (segundos desde mi humilde opinión, para mi Ucrania y su situación, por triste que sea, se resolvió en el sitio equivocado) después de la friolera de 27 años (que se dice pronto, más de un cuarto de siglo), ¿no les hace pensar que a lo mejor el espectáculo al completo era bueno? ¿De su gusto? A lo mejor no. Tampoco lo era del mío, como ya he explicado más arriba. Pero, ¿en serio es necesario seguir sobrepasando los límites del respeto y la educación, echando por tierra el trabajo de todo el equipo de esta representante?

Mi más sincera enhorabuena, porque una canción que a mí no me transmitía nada, se ha convertido en una actuación para ver una y otra vez en bucle. Por el buen hacer, por la profesionalidad y por el talento encima de ese escenario.

A mí, sinceramente, me da mucha pena hacia donde estamos yendo. Si me lees con frecuencia, sabes que no critico lo que no me gusta. Simplemente lo dejo pasar, porque no me ha hecho disfrutar, ni me ha aportado nada positivo. Entonces, yo no pierdo ni un segundo de esta vida, que pasa más rápido de lo que pensamos, en sobrepasar ese NO ME GUSTA. Es que ni eso escribo. ¿A quién le hace falta saber si algo me ha gustado o no? ¿A alguien cercano a mí? Nos tomamos un café y te cuento mis impresiones. En internet, ¿para qué?

Señoras, señores y demás gente fuera de ese espectro, háganme caso. Para gustos, colores. Eso es un dicho más antiguo que yo. Y más de uno debería colgárselo en un post-it en la nevera o en el espejo del baño. Que a ti NO TE GUSTE no significa que sea malo, simplemente no va contigo y con tu estilo. Nada más.  Aprendamos a ser más tolerantes con TODO y con TODOS. Al fin y al cabo, nuestros hechos nos definen, hoy y siempre. Y en internet, todo queda. PARA SIEMPRE.

¡Besos enormes y nos vemos pronto!


EL PODER DEL CORAZÓN

Todo es posible si le pones el empeño suficiente

¡He vuelto y esto va a ser alucinante!

Ha pasado mucho tiempo, lo sé. Lo admito y te pido disculpas. Mi último post fue allá por febrero, después del parón navideño, como hago todos los años. Y ese post trataba acerca de mi nuevo proyecto teatral “Todavía tengo tiempo”, de su inminente estreno y poco más. No he escrito ningún artículo en todo este tiempo. Y no por falta de ganas, sino por falta de tiempo.

El comienzo de año ha sido bastante caótico en muchos aspectos para mí. Tanto personal como profesionalmente. Y necesitaba centrarme en conseguir reorganizar todos los acontecimientos que se me vinieron encima en este comienzo de 2022, para poder retomar con fuerza y energía la continuación de mi web.

Ya sabrás que además de ser mi web profesional como actor y dramaturgo, mi intención cuando la creé, no era dejar una página que fuera visitada cada vez que algún director de casting me solicitara información acerca de mi trayectoria profesional. Obviamente, sería lo más cómodo. Actualizar videografía y fotografía de vez en cuando y modificar mi currículo en función de los proyectos nuevos que fuera haciendo. Eso es lo fácil. Eso es lo sencillo. Pero a mí no me gustan las cosas mascadas. Me apasiona crear, me divierte ofrecer cosas nuevas cada vez que visites mi web.

No he parado de hacer cosas desde que empecé el año. Si me sigues por redes (@alexander.j.cox), sabrás que he viajado a Luxemburgo para estrenar mi obra “Todavía tengo tiempo” y después hemos representado en Madrid. También he terminado mi participación en “Los dientes de leche” de UJO Teatro, y estrenaremos en octubre. Firma de libros en la Feria del Libro de Málaga, un anuncio publicitario, viajes de nuevo a Madrid… No he tenido respiro.

Sigo escribiendo la tercera parte de mis novelas, pero voy muy despacio. Los que han leído las dos primeras, me quieren matar, porque están deseando saber qué ocurre con los habitantes de Danford en esta historia final. Pero es que quiero que sea un final perfecto. Me lo estoy tomando con calma, porque el final va a ser inolvidable.

Pero sigo escribiendo. No solo la novela, también estoy escribiendo teatro. Una comedia que creo que va a dar mucho que hablar. Y en breve comienzo un nuevo proyecto, mucho más ambicioso, pero qué quieres… Soñar es gratis y si llego a conseguirlo, te va a encantar. Porque creo que puede ser algo importante.

Y todo esto es porque últimamente confío más que nunca en mi trabajo. Mi vida ha cambiado, mi percepción de mí mismo también. La necesidad de aceptación del de enfrente, la facilidad de hacer tambalearse mi autoestima. La preocupación acerca del qué dirán, ya no existe. Nada de eso existe. He aprendido, aunque sea a mi edad, a saber que lo más importante en esta vida es la forma en la que tú te ves en el espejo. Cómo esa imagen te devuelve la fuerza suficiente para enfrentarte a todos y a todo por conseguir tus objetivos. He conocido la envidia, los celos, la ira, la venganza… Y durante tantísimos años han conseguido hacerme sentir pequeñito. Hasta el momento en el que dije BASTA. Y aprendí a verme como quiero verme. A creerme lo que soy y lo que quiero llegar a ser. A escuchar las críticas constructivas y reírme de las destructivas. A quererme, en una palabra.

Y ese ha sido el comienzo del cambio. El momento en el que he puesto mi corazón por delante de todo y la visión de quien me mira ha perdido valor. Ahora la visión importante es la mía. Y es la razón por la que vuelvo a la carga, renovado por dentro y por fuera. Porque es el momento perfecto para demostrar todo lo que sé hacer.

No podemos dejar que el corazón deje de intentarlo. No debemos permitir que nuestros sueños se queden arrinconados en una esquina de nuestro día a día, dejándonos llevar por la rutina y el conformismo. No tenemos que dejar pasar la vida soñando con un “y si…” Hay que lanzarse a por todas, no importa que no haya red. Tenemos alas para volar. Tenemos fuerza para resistir los impactos y reventar el suelo con nuestros pies. Pero hay que creérselo. Y yo, ahora, me lo creo. Ahora creo en mí.

¿Y tú? ¿Crees en ti? ¿Vas a luchar por tus sueños?


NO HACE DAÑO

Porque he aprendido a tropezarme

¡Encantado de verte de nuevo!

Supongo que ahora que se acerca mi cumpleaños, mi cabeza, aunque no quiera, analiza y escudriña lo vivido y hace balance de mi situación aunque yo no quiera. Quien diga que su cumpleaños pasa sin pena ni gloria, miente. No importa si haces una gran celebración con familia o amigos, o si por el contrario, decides tumbarte en tu sofá a ver una peli ochentera rollo remember… Tu subconsciente trabaja aunque tú no lo sepas y el mío también.

Mi vida no va mal. No me puedo quejar. ¿Podría ir mejor? Por supuesto, a nadie le amarga un dulce. Pero como también podría ir peor, no tentemos a la diosa Fortuna y dejemos las cosas como están. Pasito a paso, el camino parece complicado, pero voy bien. Las prisas no son buenas consejeras como dicen, pero tampoco hay que dormirse en los laureles, como también dicen. Que la vida pasa y solo hay una, esto no es un videojuego en el que tenemos vidas ilimitadas.

No tengo miedo a equivocarme. No me asusta errar en mis decisiones. Porque al fin y al cabo, forma parte del aprendizaje. De mi propio aprendizaje. Y tengo claro, a día de hoy, que seguiré aprendiendo cada día, descubriendo que no tiene nada de malo dar lo que se dice “palos de ciego” en algún momento.

No comprendo la sensación de desagravio que sienten muchas personas a la hora de recordar lo vivido (sobre todo los errores), como si el arrepentimiento solucionara algo. Y mentiría si dijera que no me arrepiento de nada de lo que he hecho en mi vida. Hay días que sí, y otros días que no. Depende del estado de ánimo. Y eso me hace gracia, porque no sirve de nada. El pasado no se puede deshacer. ¿He descubierto algo? No, es un hecho. Básicamente.

Y además tiene un efecto rebote. ¿No lo crees? Es tan sencillo como colocarse en el punto actual y retroceder hasta ese momento del que te arrepientes y borrarlo de un plumazo; hacerlo desaparecer. ¡Pum! Ya está, ya no existe. Nunca pasó.

¿Y ahora? Ese aprendizaje desaparece, esa sensación ante algo que no debería haber ocurrido ya no existe, nunca jamás lo has sentido. Eres feliz porque te has deshecho de una situación que te hizo daño; pero al mismo tiempo que has borrado eso, también has olvidado el dolor que te provocó, y por lo tanto, no conoces ese sufrimiento. Ni ese error. Y lamentablemente, tengo que decirte, que borrarlo no te asegura que no cometas el mismo u otro fallo parecido en un futuro.

Porque al no haber cometido ningún traspiés, no hay aprendizaje de lo que está bien o mal. Una pescadilla que se muerde la cola, así lo veo yo. Si no me hubiera casado estaría mejor… Si no me hubiera comprado el coche… Si hubiera aceptado ese trabajo… ¿Qué? Tu vida sería diferente, no solo por estar soltera, cobrar más en tu trabajo o por ir andando…

ME ARREPIENTO A VECES…

ESO ES LO DIVERTIDO DE TODO ESTO

Tu vida sería distinta a todos los niveles. Existiría gente a la que no hubieras conocido nunca (y pensarás, mejor que mejor…) pero esto incluye a gente que a día de hoy podrían ser pilares importantes. Y tú serías completamente distinto, porque tampoco habrías vivido muchas de las situaciones que a día de hoy te provocan una sonrisa de felicidad.

Cuanto más pasa el tiempo, más me doy cuenta de que todo lo que vivimos nos moldea poco a poco, sin siquiera darnos cuenta. No varía la personalidad, quizás sí el carácter. Pero cada paso que damos, además de dejar una huella que no se puede borrar, marca un antes y un después en nuestro interior.

Entiendo (y eso lo da la edad, además de las experiencias) que este camino que es la vida es un trabajo unipersonal. Un recorrido solitario e independiente. Puedes ir acompañado, porque al final, existen tantos caminos que en algún momento tienes que converger con alguien, que tampoco somos ermitaños. Y esos paseos acompañados nos pueden hacer sentir bien, felices, arropados, cuidados… pero tenemos que saber que hay bifurcaciones que cuando menos lo esperemos, separarán nuestros cuerpos y se alejarán poco a poco. Y es posible que nos volvamos a encontrar, nunca es un para siempre. Pero hay que saber que este camino se recorre solo.

Y no es nada malo, ni mucho menos triste. Es una lucha diaria, y qué mejor que hacerlo con una sonrisa, con la seguridad de que todo será útil, lo bueno y lo malo.

Piensa más allá de lo que alcanzan tus ojos. Busca a través de los recuerdos, de los buenos y de los malos. Traspasa los límites de lo que te dicen que es tu máximo posible. Porque cuando arañes, rasgues y abras esa barrera que hay impuesta, te sorprenderás de lo que hay más allá.

No podemos cambiar lo que ya ha pasado. No descubro nada nuevo con mis palabras, soy consciente. Por eso mi lema es sencillo. Siempre hacia adelante, sin miedo y sin tabúes.

Y como siempre, te recuerdo que si aún no tienes estas dos pedazos de novelas, no entiendo a qué estás esperando… ¡Te sorprenderán!

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Suicidio del 97

COMENZAR DE NUEVO

Frenar para tomar impulso tampoco es tan malo…

¡Hola de nuevo visitante de mi universo!

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que dejé mis pensamientos por aquí y te pido disculpas por haber desaparecido tan de golpe y sin ofrecer ninguna explicación. Pandemia aparte, puesto que hubiera sido un gran momento para volcarse con más intensidad en estos menesteres, pero a mí me creó el efecto contrario. Un bloqueo a la hora de escribir, no solo frenó la creación de la tercera y última parte de “Suicidio del 97” y “No fue un suicidio si aún estás aquí”, sino que cortó de lleno las ganas de escribir sobre cualquier cosa.

Y lo mejor que pude hacer ante esa situación fue no forzarla. Asumir que ese momento de negación había llegado y recibirla con una gran sonrisa, los brazos abiertos y la positividad suficiente para admitir que simplemente era un mero trámite para continuar un poco más adelante.

Escribir no es fácil, quien lo haya intentado sabrá que no se puede obligar al cerebro a crear sin ton ni son, por lo que en un momento así, mejor dejar el teclado a un lado, guardar el bloc de notas o apagar la grabadora. Y eso hice yo. Hasta hoy, que todo ha vuelto a la normalidad, o mejor dicho, todo está recolocado como yo quería que estuviera. Porque al fin y al cabo, lo pasado también forma parte de mi normalidad personal.

Todo en ésta vida tiene un por qué, todo tiene una razón de ser y un sentido. Es posible que a veces no sepamos entender o inconscientemente no queramos aceptar, pero es tan real como la vida misma. Y es que la vida son pruebas, pasos, caminos, atajos y atascos. Tan simple como una carrera de fondo en la que corres solo como individuo, sin nadie alrededor. Tu propio y solitario maratón. Y es por eso, que sin tener a nadie a tu lado con quien competir, puedes permitirme la licencia de recorrer todo tu camino de la forma que tú prefieras. Habrá momentos en los que corras con todas tus fuerzas hasta quedarte sin aliento; otras veces pasearás con lentitud, redescubriendo tu alrededor y disfrutando de él. Podrás incluso sentarte a descansar y recordar como fuiste, asimilar como eres y planificar como quieres ser. Todo vale en tu camino.

NADIE TE PUEDE JUZGAR

Y quien lo haga, simplemente ha perdido su propio camino, y desea que te pierdas de la misma forma.  Envidia, miedo, egoísmo, rabia, llámalo como quieras. No pidas disculpas por aprender a caminar en soledad, buscando tu propio destino, luchando por tu futuro personal. No, no pidas disculpas. Nunca.

Pues al final, eso necesitaba yo. Cambiar el ritmo de mi carrera, puesto que entre atajos y atascos estaba a punto de perderme y no quería dejar de divisar mi horizonte. La necesidad de reconectar conmigo mismo, frenar tras una pandemia que a todos nos ha hecho mella, sobre todo psicológicamente. El miedo ante una serie de cambios como individuos que nos marcarán de por vida, y sobre todo que nos han modificado la forma de ver la vida. Al menos a mí.

Y por todo esto y por lo que me dejo en el tintero para no aburrirte mucho, arranco de nuevo con más fuerza si cabe para seguir recorriendo este camino personal y profesional. ¡Estoy encantado de recorrerlo contigo!

¡¡Hasta la próxima!

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Suicidio del 97

SECRETOS DE MI TRILOGÍA

Secretos de mi trilogía de Alexander J. Cox

Escribiendo la tercera parte, me apetece contarte esto…

¡Bienvenido de nuevo a mi universo querido visitante!

Hoy, último día del mes de febrero que nos abandona, me apetece contarte un poquito más acerca de la historia sobre mis novelas. Y voy a desgranarte el porqué de mi trilogía y las razones por las que decidí crearlas de la manera que lo hecho (y que sigo haciendo, pues estoy inmerso en el desenlace con el tercer libro).

Como no sé si ya has leído las dos primeras novelas, no haré spoiler acerca de nada de lo que ocurre en ninguno de los dos, pero sí te explicaré cómo está concebida la historia de los habitantes de Danford.

Para hacerlo bien, lo importante es empezar desde el principio. La primera parte de esta trilogía se titula “Suicidio del 97”, y como se deduce, transcurre en el invierno de 1997. Los personajes principales, son adolescentes que rondan los diecisiete años de edad, todavía están en el instituto y sus historias se entremezclan poco a poco a medida que avanzan los capítulos. Eddie, Sarah, Daniel, Sammy, Kelly o Donna, comparten desventuras propias de su edad (y no tan propias), con sus miedos, sus frustraciones, sus ilusiones y sus tristezas. Cada uno de ellos afrontará sus devenires de diferente forma, con mayor o menor éxito.

Cuando empecé a transcribir esta primera parte, no pensé en prolongar la historia. Al fin y al cabo, era una novela escrita en aquella época, “remasterizada” años después, pero tanto mi personalidad como mi madurez habían evolucionado. Cuando la primera parte “Suicidio del 97” estuvo en el horno, se me ocurrió continuar la historia de una manera diferente a lo que normalmente estamos acostumbrados. Es decir, en mi segundo libro no existiría “el día después”. Con mi forma de pensar y afrontar la vida a día de hoy, no sentía que volver a 1997 tuviera mucho que ofrecer. Y en mi cabeza surgió la chispa:

¿Y SI LA SEGUNDA PARTE

TRANSCURRIESE DIEZ AÑOS DESPUÉS?

En mi mente se vislumbraron los personajes diez años después, acercándose a la treintena, con una madurez totalmente distanciada de aquellos adolescentes de la primera parte. Podría ser una buena idea. El trabajo de continuación resultó bastante más difícil que “el día después”, puesto que en diez años, la vida de todos habría cambiado (para mejor o para peor), pero era necesaria una correcta línea de tiempo, que concordara con toda lógica al situar a los personajes en el año 2007. Pero aun así, me pareció una idea estupenda. Así que me lancé a ello con “No fue un suicidio si aún estás aquí”, la segunda parte. Obviamente, tras dar por zanjada la idea de que la segunda parte transcurriría en 2007, estaba claro que el desenlace de la tercera parte tendría que ocurrir otros diez años después, en 2017. Que casualmente, es el año en el que empecé a preparar la primera parte para su publicación. El círculo me resultó perfecto.

En el tercer libro, los personajes se acercan a cumplir los cuarenta años, donde todo ha evolucionado tanto que los personajes ya tienen claro su destino. O al menos así lo creen ellos. Tras dos décadas encerrados en aquella ciudad maldita, Danford está preparada para todo lo que vaya a ocurrir. Y te aseguro que lo que va a suceder va a ser el colofón a una historia que me ha marcado más de lo que yo hubiera podido imaginar jamás.

Si te preguntas si ya sé cómo va a acabar la historia de Danford, te puedo decir que sí. De la misma forma que cuando comencé a escribir la segunda parte ya tenía claro el final (aunque luego se añadan o se borren ideas). La idea en grueso estaba clara. Igual que ocurre con el tercero. Tengo claro donde empiezan los personajes y donde van a acabar. Es el recorrido lo que puede variar a medida que vaya escribiendo.

Si has leído alguna de las dos partes, te habrás hecho una idea de la forma de escribir que me caracteriza. ¿Que soy cruel? Puede que sí, no te lo voy a negar. ¿Qué disfruto con ello? Para nada. Cuando las ideas van surgiendo y van tomando forma, tengo que sincerarme contigo y decirte que lloro. Lloro y bastante. Imagino que es porque los personajes están tan metidos en mi interior que hasta me auto inculpo por llevarlos por todos esos caminos. Pero es que no creo que otro camino pudiera ser mejor que por el que les he mandado.

Mucha gente me pregunta si tengo ganas de escribir otras historias alejadas de Danford. Y mi respuesta siempre es la misma. Por supuesto que quiero contar otras ideas que rondan por mi cabeza, pero lo que está claro es que Danford todavía bate mi cabeza en su tercera parte para conseguir un cierre perfecto a la historia que satisfaga a mis lectores (o al menos eso espero) y que concluya la historia de mis personajes. Pero es difícil (al menos para mí) el pensar que cuando el tercer libro esté concluido, Danford dejará de formar parte de mi vida. Porque todos ellos han convivido (y conviven en esta recta final) cada día, a cada paso, en cada imagen en mi cabeza, en cada frase que resuena en mi mente. Pronunciadas por ellos, sé que me va a costar separarme de ellos… Aunque nunca se sabe.

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Suicidio del 97

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