QUERERSE A UNO MISMO II

Solo hay que desnudar el alma y aceptarla

QUERERSE MENTALMENTE. No valorar nada de lo que hacemos, nada de lo que conseguimos, nada por lo que luchamos. Dejar que la opinión de los demás sea la que ensalce tus triunfos es uno de los errores más grandes que podemos cometer. Porque el resto del mundo no gira en torno a ti, lo que quiere decir, que llegarán momentos en los que no haya nadie alrededor para decirte que lo que has hecho está bien o mal. Y eso te va a crear una sensación de abandono, de fracaso, porque no has aprendido a auto valorarte a ti mismo. Nadie te ha enseñado que creer en ti mismo y en lo que haces, es una de las sensaciones más placenteras que existen.

Cuando publiqué mi primera novela “Suicidio del 97”, todas las críticas que me hicieron fueron buenas; prácticamente todas. Había blogueras que hablaban en su IG acerca de mi libro y lo recomendaban. Eso me hacía feliz. La gente contestaba dando las gracias por dar a conocer a un nuevo autor, etc… En el momento que leía a alguien que decía que “no le llamaba nada la atención la historia”, mi mente se aferraba a ese mensaje (perdido entre muchos positivos) y lo colocaba en la vitrina de mis fracasos. Era mal escritor. No tenía la valía suficiente. Era el mensaje que primaba sobre el resto. Con las obras de teatro que escribí o protagonicé, ocurría lo mismo. Cualquier crítica positiva quedaba anulada por un comentario negativo. No sabía equilibrar las opiniones de los demás. No era capaz de entender que no le puedes gustar a todo el mundo. Mi mente prefería decidir que no eran opiniones. Eran sentencias. Y las negativas eran las primordiales.

QUERERSE FÍSICAMENTE. Llegamos a un punto bastante delicado para muchísima gente. El no aceptar su físico. Es decir, no gustarle la fachada que la gente ve de ellos. Yo era uno de esos. Obviamente, en la autoestima entran muchos factores; prácticamente todos. Y el físico no se puede dejar atrás. Era realista cuando me hablaba a mí mismo; no te gusta tu cuerpo, vale. Te lo compro. Lo entiendo. Uno de los aspectos de mi físico, claramente era mi peso y mi musculatura. Sobre todo al llegar el verano, todos los cuerpos definidos me llamaban mucho la atención. La pregunta era la siguiente: ¿tienes la fuerza de voluntad para ir al gimnasio y trabajar en conseguir un cuerpo así? La respuesta era sencilla y sincera. No. No me gusta ir al gimnasio y en aquel momento no iba a ir a hacer algo que me hiciera infeliz. Entonces, si no vas a trabajar en mejorar, acepta que lo que tienes está bien. Los habrá mejores, peores. Pero siempre tendemos a compararnos. Y qué casualidad que lo hacemos con alguien que se acerca a nuestras expectativas. Nunca a la inversa. Que tampoco es la solución, que conste.

Comparaciones son odiosas y ese dicho popular es tan real como la vida misma. Lo que no puedes o no quieres cambiar conforma quien eres. Y no está mal. Es hermoso. Para ti debe ser hermoso. Lo que piense el resto, poco importa. Porque probablemente, cualquiera de tus referentes de lo que te gustaría llegar a ser, poseen otros miedos y carencias de las que tú tienes de sobra. No trates de ser como nadie. Sé tú mismo. No hay nada más bello.

¿Te gustaría tener más músculo? ¿Más pelo? ¿Tener más altura? La respuesta es más sencilla de lo que parece. ¿Puedes cambiarlo? Cámbialo. ¿No puedes cambiarlo? Acéptalo. Si te gustaría tener más pelo, porque te estás quedando calvo, lucha por conseguir mejorar algo que puedes cambiar. Trabaja cada día por llegar a ese objetivo. Si tienes los ojos negros y te gustaría tenerlos azules, lo siento. Eso no se puede cambiar. Pero es igual de bello, porque forma parte de ti, de tu forma de mirar cuando sonríes, de tu mirada cuando lloras… Eres tú.

Podrías tener menos barriga, los labios más gruesos, la barba más tupida, los pies más bonitos… Sí, que sí. Pero no tienes nada de eso. Eres tan especial porque todo tu conjunto ha creado a esa maravillosa persona que eres. Con sus virtudes y sus defectos. Solo tienes que convertir los defectos físicos en tus mejores virtudes. Amar la imperfección, porque eso es lo que nos convierte en seres especiales y únicos. No tienes lo que deseas, pero si lo tuvieras, quizás te faltaría algo más. Y algo más, y más y más… es un círculo vicioso que no sirve para nada.

EL CAMBIO. Llegó un momento en el que descubrí que la persona que veía frente al espejo no era la misma persona que veía meses atrás. Era el mismo rostro, obvio, pero la percepción de lo que era mi reflejo había cambiado. Y era porque mis ojos veían a alguien a quien sí aceptaban tal y como era. Y les gustaba lo que veían. Porque quererse a uno mismo es el inicio de poder querer al resto. En paz con nuestro interior. Amando cada esquina y cada poro de uno mismo. Yo tardé meses en entenderlo y abrazar aquella sensación. Y te digo que es maravillosa.

Otra de las cosas que he aprendido es a valorar todos y cada uno de mis trabajos. A día de hoy, me encanta ver los videos de todo lo que he hecho, me gusta oírme y analizar positivamente el cómo mejorar ciertas cosas. Me encanta escribir y me apasiona lo que consigo transmitir con mis textos. Veo cada cosa que sale de mis dedos en el teclado y sé que merece la pena. Porque está hecho desde el corazón. ¿Qué no soy el mejor escritor? Puede, pero soy muy bueno. ¿Qué no soy el mejor actor del mundo? Puede, pero soy muy bueno. Porque he aprendido que remuevo el corazón de la gente que me ve, que me lee… Todo es mejorable, es cierto, pero lo que hay es muy bueno. Ahora me lo creo, ahora me quiero.

Ahora sé que lo que opinen los demás es secundario. Porque la opinión de los demás es importante, pero no determinante. Como te veas tú es como te verá el resto.

Y hasta aquí este post dividido. Espero que no te haya aburrido en demasía. Pero al final, me permito de vez en cuando estas licencias, porque me las merezco.

Quiérete mucho, ama lo que haces, deja atrás los miedos y lucha por ser la mejor versión de ti mismo.

¡Nos vemos en el 2023! ¡Entra con la cabeza bien alta en el nuevo año!

QUERERSE A UNO MISMO

Solo hay que desnudar el alma y aceptarla

Hoy me he levantado consejero. Existen muchos días en los que me apetece expresarle al mundo cómo me siento. Suele pasarle a todo el mundo, no me considero especial por ello. Pero ya que tengo este blog para contarte muchísimas cosas acerca de mis gustos, mis trabajos o mis pensamientos, aquí viene una ración de lo último. Hoy me voy a desnudar de una forma bastante diferente a lo que suelo contar en mi blog personal, pero así me siento hoy y me apetece que me conozcas un poquito más. Probablemente tenga que dividir este post en dos partes, para que no sea demasiado largo.

Quiero dejarte claro antes de que sigas leyendo, que no soy psicólogo, y que aunque todo lo que te voy a contar es una experiencia personal, creo que se puede aplicar a cualquiera que desee intentarlo. Puede que te funcione o puede que no, pero al final, mi experiencia con todo esto ha sido positiva. Así que, ¿por qué no compartirla?

Siempre he sido una persona alegre, divertida, con ganas de hacer reír a los demás, no excesivamente cariñoso a nivel táctil (no soy de abrazos ni besos en exceso), pero sí a nivel emocional. Me he considerado una buena persona, nada vengativo ni rencoroso. Difícil de hacer enfadar y muy sentimental y enamoradizo. Pues todo eso, aunque sigue siendo verdad a día de hoy, no había sido más que una fachada durante prácticamente toda mi vida. Una máscara creada para ocultar mi realidad.

Como sabes, soy actor y escritor. Tras un parón laboral en el tema teatral, volví a subirme a un escenario en el 2020, meses antes de la pandemia. Fueron meses de duro trabajo, intentando demostrar a los demás que todavía era capaz de ser un personaje sobre la escena. Que era capaz de hacer sentir a los espectadores lo mismo que mi personaje sentía. Debía hacerlo, porque era lo que quería. Ese año, trabajé en tres espectáculos diferentes que se estrenaron uno detrás de otro. Tres historias completamente diferentes las unas de las otras. Ensayaba de lunes a viernes desde las cuatro hasta las diez. Una tras otra. Era mi sueño, volver a subirme a un escenario. Y lo hice. Y lo disfruté. Pero no era feliz. Trataba de aceptar todos los elogios. Igual que cuando publiqué mi primera novela. Trataba de asumir aquellas buenas críticas, pero nunca me las creía. Sentía que eran comentarios hechos por lástima a aquel chico al que nadie dice nada. Y me creí todo aquello. Y lo hice mi realidad absoluta. Como había hecho toda mi vida.

Descubrí que no era capaz de ver los videos de mis espectáculos o de mis entrevistas, no porque fuera demasiado crítico conmigo mismo, sino porque la persona que veía en aquella pantalla me desagradaba. No me gustaba quién era, cómo sonaba mi voz. Ese conjunto, aunque suene duro, me repugnaba. Dejé de mirarme al espejo, porque no me gustaba lo que veía. Me afeitaba mirando directamente mi barba, sin mirarme a los ojos. Llegó un momento en mi vida en el que no me gustaba nada de mí. Pero no lo sabía. Era otra rutina que había creado a mi alrededor. No pararme a pensar en mí. Ni en lo que sentía por mí. Vivir con ese desapego a mi cuerpo y esconderlo tras risas, bromas y payasadas. El payaso de turno, como siempre.

No lo llegué a entender hasta que me senté en una consulta con un psicólogo que rascó en mí, para descubrir que nunca me había querido a mí mismo. Esa fachada de chico divertido, era la máscara que había fabricado durante tanto tiempo, porque yo sentía que no valía para otra cosa. Solo podía ser el payaso del grupo. Feo, a veces gordo, a veces delgado, con voz aguda, nariz aguileña… Cualquier crítica era válida, para demostrarme a mí mismo que nunca podría aspirar a ser nada más que no fuera el bufón de un reino que me había anulado completamente. Un reino que yo mismo había fabricado a mi alrededor, donde todo el mundo era mejor que yo. Yo era el peor actor, el más feo, el peor escritor, un mal trabajador, yo era menos que cualquiera. Y vivía siempre mirando hacia arriba, observando al resto del mundo, sabiendo que nunca llegaría a estar a su altura. Todos eran mejores que yo. Todo lo que yo hacía carecía de importancia. Todos mis logros eran inferiores a los del resto. Y eso me hizo pequeñito. Muy pequeñito, casi invisible.

Pero vivía feliz. Al menos eso creía yo. Porque lo había hecho una constante en mi vida, y se había asentado en mi cabeza y en mi corazón. Toda esa mentira me había dominado, me la había creído y la aceptaba. Esa era mi vida. Eso es lo que me había tocado vivir. Ser al que nadie presta atención. Solo cuando había que echarse unas risas. Con el tiempo descubrí que esa era mi percepción de mi propia vida. Que mi entorno siempre creyó en mi valía ante el mundo, aunque yo no les creyera a ellos cuando me lo decían. Pero aprendí a cambiar todo eso…

Y hasta aquí la primera parte de este post, que continuaré la semana que viene.

¡Sé feliz porque te lo mereces!

CIEN HISTORIAS

Cada una de ellas escrita desde el corazón…

¡Hoy estoy de celebración!

Te doy de nuevo la bienvenida a mi web y hoy con más razón. Porque si estás leyendo esto, quiere decir que alguien está leyendo mi post número cien. Sí. Así es. Cien artículos escritos.

Sinceramente, nunca pensé que fuera capaz de continuar esta costumbre de escribir un post para cada domingo. Y digo uno, porque empecé publicando dos a la semana. Y con el tiempo, decidí reducirlo a uno, porque me faltaban horas en la semana.

Cuando pensé en la forma de publicar mis post, una gran amiga “Flecos sueltos”, que es una gran profesional del sector, me comentó que los domingos no solían ser buen día para publicar, puesto que, lógicamente, la gente descansa, sale con la familia, amigos, etc… y no suelen estar tan pendientes a las redes. Y en ese aspecto tengo que darle la razón. Así que cuando comencé a darle vida a mi web, decidí publicar los miércoles y los domingos. Una manera de decidir qué momento resultaría el más adecuado para publicar. Y lo cierto es que al principio, todo eso de las horas clave, el tráfico, etc… se escapaba bastante a mi entendimiento. Ella me lo explicó y cuando conseguí pillarle el truco, me di cuenta que, sorprendentemente, las visitas de los domingos eran mayores que las de los miércoles. Mis visitantes preferían echarle un ojo a mis artículos los domingos. Extraño, pero eso hizo que me decidiera a anular los post de los miércoles y centrarme en los domingos. Dicho y hecho.

He sido fiel a mis principios desde el momento que abrí mi web hasta hoy. No he echado por tierra el trabajo de nadie. Ni series, museos, teatros, películas, nada. Solo he hablado de lo que me ha gustado (dejo de lado Dirty dancing 2017, mi única crítica negativa, pero siempre desde el respeto) y he alabado los trabajos que me parece que son reseñables. Como en este tipo de post, siempre queda claro, y eso imagino que lo sabes ya, actúa solo mi opinión personal. Ni mi crítica es la única válida, ni trato de convencerte de nada. Me parece tan importante la sensación de no tener que imponer tus gustos a los del resto, que juego con eso en cada artículo que escribo. Te hago saber lo que todas esas experiencias han movido en mí uno u otro sentimiento. Nada más.

En cuanto a los artículos personales, es decir los de mi blog personal, me encanta darte a conocer ciertas partes de mi día a día. Contarte mis proyectos, mi trabajo, mis anhelos. Creo que eso me hace por un lado vulnerable a las críticas, pero fuerte ante alguien a quien no conozco. Es decir, este soy yo y así soy. No me juzgues, porque yo no lo hago contigo. Y eso me gusta. Contarte cositas sobre mi vida laboral. De la personal, quizás más adelante…

Por ahora nada va a cambiar en la web, con lo que seguirá el mismo estilo que hasta ahora. Tenía intención este verano de darle una vuelta y modificar algunas cosas, pero como ya te conté en el post acerca de la última parte de la trilogía de Danford, no he podido ponerme a ello y entregarme a esos cambios al cien por cien. Y además un proyecto que no puedo desvelar todavía, que también me ha robado (con mucho gusto) parte de ese tiempo.

Así que este post ha sido diferente a los anteriores, pero me apetecía mucho celebrar esta noticia contigo, porque siento que es algo muy importante, al menos para mí. Es la forma de que siempre encuentres algo nuevo al visitarme. Por supuesto, mi trabajo como actor y escritor prima por encima de estos artículos, pero ya sabemos que esas novedades no son tan rápidas, por lo que alimentar la web con estos post me parece interesante.

¡A por cien artículos más como mínimo!

¡Nos vemos pronto!

¡¡PINCHA SOBRE EL LIBRO PARA ADQUIRIR TU EJEMPLAR DEDICADO!!

Suicidio del 97

EL FIN DE DANFORD SE ACERCA

Cerrando el círculo de la historia de Danford…

¡Me alegra verte de nuevo por aquí!

Hoy me tomo un descanso de películas y series, puesto que esta semana ha sido bastante movidita. Y ¿por qué? Pues de la razón es de lo que trata mi entrada de hoy.

Mi nueva novela.

Sí, la última parte de mi trilogía está en proceso. Y vaya proceso, va viento en popa. O sea, que si ya has leído las dos novelas anteriores, se te habrá hecho la boca agua sabiendo que el final de esta historia está cada vez más cerca. Porque reconozco que el hype del final de la segunda novela fue demasiado. Incluso para mí.

Si te acabas de incorporar a la web, o no has leído mis posts anteriores acerca de mis novelas, puedes saber un poquito más aquí o aquí, e incluso aquí. He escrito varios posts acerca de la historia de Danford. Al fin y al cabo, son mis pequeños tesoros y tengo que hablar de ellos.

He de admitir, que la idea principal acerca de la sinopsis de esta última parte la tenía muy clara. Tanto el inicio, como el final. Normalmente es mi manera de escribir. Historias inconexas, situaciones rocambolescas y luego comenzar a buscar los nexos de unión entre ellas hasta crear la historia completa. Eso hice al escribir la segunda parte (puesto que la primera se escribió de otra forma muy diferente), y por supuesto, eso es lo que estoy haciendo con esta tercera. Pero aun sabiendo el destino de muchos de los habitantes de Danford, me encontraba muy bloqueado para escribir algo que me gustara lo suficiente.

Normalmente el verano siempre me deja bastante aplatanado, con pocas ganas de sentarme delante del ordenador. Es así, no soporto el calor, al menos el calor de mi ciudad. Demasiado sofocante. Pero no me preguntes la razón, este verano me ha provocado el efecto inverso. Es decir, de sentirme bloqueado ante páginas en blanco, se ha vuelto la tortilla y estoy, por decirlo de alguna manera, en un frenesí de tecleo continuo. Y ¿por qué llegó esta inspiración? Por el bloqueo que tenía ante Danford y su final, empecé a escribir una nueva obra teatral cómica, titulada “Esto no es un cuento de hadas”. Y creo que haber escrito esa obra teatral, con el miedo que ello me provocaba (puesto que nunca he escrito comedia), me desbloqueó de alguna manera la inspiración para volver a sentarme frente a Danford.

Obviamente, ni pienso hacer spoiler de las novelas anteriores, ni haré adelanto de lo que va a suceder en la nueva entrega. Pero si te voy a contar un poco cual es el círculo. Como buen final, mi intención es no dejar cabos sueltos. Cerrar todas las historias, tanto las de la primera parte, como las de la segunda. ¿Y eso qué significa? Fácil. En la historia de Danford hay muchos personajes, eso ya lo sabes. Todos no tienen la misma importancia, eso es cierto, pero quiero que todos los personajes que han pasado por mis páginas, tengan una mención en la última parte de la historia. Y eso no les va a convertir en personajes principales, ni mucho menos, pero sí creo necesario que al terminar de leer la tercera parte, nadie se pregunte cosas como ¿y qué pasó con esta chica? ¿O con aquel hombre? De ahí que todo va a estar muy bien hilado. Cosido y rematado.

Como ya te comenté, la primera parte transcurre en 1997, la segunda en 2007 y esta última tendrá lugar en el año 2017, en época pre-pandemia (quién nos lo iba a decir). Y trataré de estar a la altura de las expectativas que dejé con el final de la segunda parte. Lo cierto es que me siento muy contento con el camino que está tomando ésta nueva novela. La idea es muy interesante, va a sorprender más de lo que la gente espera y va a ser un cierre de traca. No es ego, dios me libre, nunca he sido así. Pero este desbloqueo, además de incitarme a escribir sin parar, me ha abierto la mente a una cantidad de historias, giros y sorpresas que hasta yo mismo me estoy emocionando. Creo que va a ser un final apoteósico, tanto para los habitantes de Danford como para los lectores.

Y creo que hasta aquí el post de hoy. Así que como hoy te contado las novedades acerca de Danford, te recuerdo que tienes disponibles aquí en la web mis dos novelas, que te llegarán dedicadas de mi puño y letra. Oye, que quizás algún día sea una firma codiciada… ¿A qué esperas para hacerte con ellas?

¡Nos vemos pronto!

¡¡PINCHA SOBRE EL LIBRO PARA ADQUIRIR TU EJEMPLAR DEDICADO!!

Suicidio del 97

ES FÁCIL: NO ME GUSTA

Si no aprendemos a respetar, mal vamos…

Pues aquí estoy de nuevo para tratar de aclarar un poco la situación que se está viviendo estos últimos años por el ciberespacio. O al menos, darte mi sincera opinión.

¿En qué momento sobrepasamos la libertad de expresión y la transformamos en falta de respeto? Básicamente, en el preciso instante que tus dedos teclean cualquier cosa que no sea un “a mí no me gusta”. Así de simple. Cuanto más mayor me hago, más me sorprendo de hasta a qué niveles, el ser humano (el español, para más señas, ya que es el que más veo) es capaz de vomitar bilis con la misma facilidad que se suenan los mocos.

Y claro, te preguntarás que a santo de qué estoy yo hablándote de esto. Pues por Eurovisión. Si, visitante, por el Festival de la canción. Situémonos. Soy fan de este certamen desde que era bien pequeñito. Recuerdo haber visto a mi grupo favorito de la época “La década prodigiosa”, cantar aquello de “Made in Spain”, ver a Sergio Dalma darlo todo, a Anabel Conde rozando la gloria. A Pastora y a Ruth entregarse en cuerpo y alma. Y muchos y muchos más. Lo disfruto como si fuera el fin del mundo. ¿Dónde me diferencio de los eurofans? Vale, no me iría a verlo en vivo, ni me subo por las paredes con los eurodramas. Me molestan, puede ser, pero creo que hay cosas más importantes en mi vida, que dar vueltas y vueltas a temas que yo no puedo cambiar. Y me encantan los eurofans porque lo dan todo y eso mola (en el futbol también, que aquí no se escapa nadie).

Ahora bien, aquí viene el primer bache. Si tú decides quedarte en tu casa a ver la final de la Champions, ¿a mí qué? Si te vas de una reunión porque dan la final de “Supervivientes”, ¿qué me importa a mí? Nunca se deben juzgar las prioridades de cada uno. Pero si un fan de eurovisión se queda en casa para ver el concurso, es que la gente se echa las manos a la cabeza. Repito. Respeto. El mismo que yo te demuestro cuando te vas a ver el futbol, deporte que a mi NO ME GUSTA. Yo he tenido que justificarme y no cambiar un turno de trabajo a un compañero porque daban Eurovisión y recibir esa mirada de “venga ya, ¿por ver esa mierda?”. Y dignamente decir que sí y darte la vuelta, sintiéndote un mal compañero. Cosas de la vida. Pero claro, sería maravilloso si nos quedáramos en ese límite entre gustos y aprendiéramos a respetarlos. Por desgracia, vamos un pasito más allá. Y dentro de los mismos gustos, también encontramos a gente que se siente con el derecho de sobrepasar ese NO ME GUSTA.

Retomamos el Festival. Me sorprendieron Tanxugueiras; Rigoberta NO ME GUSTÓ. Primera debacle. Aquí o eres de un bando o eres de otro. No se permite el gusto variopinto. Y mucha gente no acepta que tus gustos no coincidan con los suyos, que por supuesto, creen sacrosantos. Si a mí no me gustó el mensaje que enviaba Rigoberta (por parecerme desfasado y cansino), ¿no entiendo de música? ¿Soy machista? ¿Voy en contra del progreso? No señores, NO ME GUSTA y punto. Tampoco me ha gustado nunca Nirvana o Eminem y nadie me ha crucificado por ello. Pero en Eurovisión, mucha gente sí lo vive de esa forma. O conmigo o contra mí.

Chanel no era para nada mi favorita. Es así. O sea, que no es una defensa de un fan acérrimo desde el minuto uno. Para nada. No era ni mi segunda, ni mi tercera opción. Es la realidad de lo que yo sentí al escucharla. Me pareció más de lo mismo. NO ME GUSTA el reggaetón, lo siento. Nunca me ha gustado, entonces no era mi favorita. Y ahí está la magia del equipo de esta cantante. Han conseguido convertir una canción simplona, repetitiva y probablemente olvidable tras las resacas de verano, en un espectáculo único e inolvidable. Lo digo con tanta certeza, porque no vi el Benidorm Fest, solo escuché las canciones en mi coche entre ensayo y ensayo. Y lo que yo vi el sábado en el escenario de Turín, me dejó con la boca abierta. La mandíbula desencajada y hasta puedo decir que se me saltaron unas lágrimas de la emoción. Emoción ante tanta pasión por tu trabajo, ante esa dedicación, esa perfección de movimientos, ese conjunto impecable.

¿Hubiera quedado mejor una teta en el escenario y Rigoberta saltando? Pues puede, quién sabe. Pero es algo que nunca sabremos. Pero es que a mí no me importa. Ni que Tanxugueiras pudieran haber dado el pelotazo. ¿Qué más da? Chanel fue, vio y venció ante todo pronóstico y ante toda crítica, que ha sido mucha. Más bien demasiada. Ese límite de NO ME GUSTA que tanto odio que la gente sobrepase. Me produce pena, el ver como hay gente que disfruta con ello, porque si navegas con frecuencia, aprendes a leer comentarios desafortunados y mensajes de desprecio. Sabes diferenciarlos. Y hay más de lo segundo.

Sorpresa tras el festival. Ahora las críticas vienen acerca de ser la única diva con show ligera de ropa. Letra basura, baile grosero, vergüenza para las mujeres (dicho por mujeres, lo siento, es así). Y lanzamiento de insultos, defensas, críticas, vamos, un show. Y mi pregunta es la siguiente: el hecho de haber quedado terceros (segundos desde mi humilde opinión, para mi Ucrania y su situación, por triste que sea, se resolvió en el sitio equivocado) después de la friolera de 27 años (que se dice pronto, más de un cuarto de siglo), ¿no les hace pensar que a lo mejor el espectáculo al completo era bueno? ¿De su gusto? A lo mejor no. Tampoco lo era del mío, como ya he explicado más arriba. Pero, ¿en serio es necesario seguir sobrepasando los límites del respeto y la educación, echando por tierra el trabajo de todo el equipo de esta representante?

Mi más sincera enhorabuena, porque una canción que a mí no me transmitía nada, se ha convertido en una actuación para ver una y otra vez en bucle. Por el buen hacer, por la profesionalidad y por el talento encima de ese escenario.

A mí, sinceramente, me da mucha pena hacia donde estamos yendo. Si me lees con frecuencia, sabes que no critico lo que no me gusta. Simplemente lo dejo pasar, porque no me ha hecho disfrutar, ni me ha aportado nada positivo. Entonces, yo no pierdo ni un segundo de esta vida, que pasa más rápido de lo que pensamos, en sobrepasar ese NO ME GUSTA. Es que ni eso escribo. ¿A quién le hace falta saber si algo me ha gustado o no? ¿A alguien cercano a mí? Nos tomamos un café y te cuento mis impresiones. En internet, ¿para qué?

Señoras, señores y demás gente fuera de ese espectro, háganme caso. Para gustos, colores. Eso es un dicho más antiguo que yo. Y más de uno debería colgárselo en un post-it en la nevera o en el espejo del baño. Que a ti NO TE GUSTE no significa que sea malo, simplemente no va contigo y con tu estilo. Nada más.  Aprendamos a ser más tolerantes con TODO y con TODOS. Al fin y al cabo, nuestros hechos nos definen, hoy y siempre. Y en internet, todo queda. PARA SIEMPRE.

¡Besos enormes y nos vemos pronto!


A %d blogueros les gusta esto: