COMENZAR DE NUEVO

Frenar para tomar impulso tampoco es tan malo…

¡Hola de nuevo visitante de mi universo!

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que dejé mis pensamientos por aquí y te pido disculpas por haber desaparecido tan de golpe y sin ofrecer ninguna explicación. Pandemia aparte, puesto que hubiera sido un gran momento para volcarse con más intensidad en estos menesteres, pero a mí me creó el efecto contrario. Un bloqueo a la hora de escribir, no solo frenó la creación de la tercera y última parte de “Suicidio del 97” y “No fue un suicidio si aún estás aquí”, sino que cortó de lleno las ganas de escribir sobre cualquier cosa.

Y lo mejor que pude hacer ante esa situación fue no forzarla. Asumir que ese momento de negación había llegado y recibirla con una gran sonrisa, los brazos abiertos y la positividad suficiente para admitir que simplemente era un mero trámite para continuar un poco más adelante.

Escribir no es fácil, quien lo haya intentado sabrá que no se puede obligar al cerebro a crear sin ton ni son, por lo que en un momento así, mejor dejar el teclado a un lado, guardar el bloc de notas o apagar la grabadora. Y eso hice yo. Hasta hoy, que todo ha vuelto a la normalidad, o mejor dicho, todo está recolocado como yo quería que estuviera. Porque al fin y al cabo, lo pasado también forma parte de mi normalidad personal.

Todo en ésta vida tiene un por qué, todo tiene una razón de ser y un sentido. Es posible que a veces no sepamos entender o inconscientemente no queramos aceptar, pero es tan real como la vida misma. Y es que la vida son pruebas, pasos, caminos, atajos y atascos. Tan simple como una carrera de fondo en la que corres solo como individuo, sin nadie alrededor. Tu propio y solitario maratón. Y es por eso, que sin tener a nadie a tu lado con quien competir, puedes permitirme la licencia de recorrer todo tu camino de la forma que tú prefieras. Habrá momentos en los que corras con todas tus fuerzas hasta quedarte sin aliento; otras veces pasearás con lentitud, redescubriendo tu alrededor y disfrutando de él. Podrás incluso sentarte a descansar y recordar como fuiste, asimilar como eres y planificar como quieres ser. Todo vale en tu camino.

NADIE TE PUEDE JUZGAR

Y quien lo haga, simplemente ha perdido su propio camino, y desea que te pierdas de la misma forma.  Envidia, miedo, egoísmo, rabia, llámalo como quieras. No pidas disculpas por aprender a caminar en soledad, buscando tu propio destino, luchando por tu futuro personal. No, no pidas disculpas. Nunca.

Pues al final, eso necesitaba yo. Cambiar el ritmo de mi carrera, puesto que entre atajos y atascos estaba a punto de perderme y no quería dejar de divisar mi horizonte. La necesidad de reconectar conmigo mismo, frenar tras una pandemia que a todos nos ha hecho mella, sobre todo psicológicamente. El miedo ante una serie de cambios como individuos que nos marcarán de por vida, y sobre todo que nos han modificado la forma de ver la vida. Al menos a mí.

Y por todo esto y por lo que me dejo en el tintero para no aburrirte mucho, arranco de nuevo con más fuerza si cabe para seguir recorriendo este camino personal y profesional. ¡Estoy encantado de recorrerlo contigo!

¡¡Hasta la próxima!

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Suicidio del 97

SECRETOS DE MI TRILOGÍA

Secretos de mi trilogía de Alexander J. Cox

Escribiendo la tercera parte, me apetece contarte esto…

¡Bienvenido de nuevo a mi universo querido visitante!

Hoy, último día del mes de febrero que nos abandona, me apetece contarte un poquito más acerca de la historia sobre mis novelas. Y voy a desgranarte el porqué de mi trilogía y las razones por las que decidí crearlas de la manera que lo hecho (y que sigo haciendo, pues estoy inmerso en el desenlace con el tercer libro).

Como no sé si ya has leído las dos primeras novelas, no haré spoiler acerca de nada de lo que ocurre en ninguno de los dos, pero sí te explicaré cómo está concebida la historia de los habitantes de Danford.

Para hacerlo bien, lo importante es empezar desde el principio. La primera parte de esta trilogía se titula “Suicidio del 97”, y como se deduce, transcurre en el invierno de 1997. Los personajes principales, son adolescentes que rondan los diecisiete años de edad, todavía están en el instituto y sus historias se entremezclan poco a poco a medida que avanzan los capítulos. Eddie, Sarah, Daniel, Sammy, Kelly o Donna, comparten desventuras propias de su edad (y no tan propias), con sus miedos, sus frustraciones, sus ilusiones y sus tristezas. Cada uno de ellos afrontará sus devenires de diferente forma, con mayor o menor éxito.

Cuando empecé a transcribir esta primera parte, no pensé en prolongar la historia. Al fin y al cabo, era una novela escrita en aquella época, “remasterizada” años después, pero tanto mi personalidad como mi madurez habían evolucionado. Cuando la primera parte “Suicidio del 97” estuvo en el horno, se me ocurrió continuar la historia de una manera diferente a lo que normalmente estamos acostumbrados. Es decir, en mi segundo libro no existiría “el día después”. Con mi forma de pensar y afrontar la vida a día de hoy, no sentía que volver a 1997 tuviera mucho que ofrecer. Y en mi cabeza surgió la chispa:

¿Y SI LA SEGUNDA PARTE

TRANSCURRIESE DIEZ AÑOS DESPUÉS?

En mi mente se vislumbraron los personajes diez años después, acercándose a la treintena, con una madurez totalmente distanciada de aquellos adolescentes de la primera parte. Podría ser una buena idea. El trabajo de continuación resultó bastante más difícil que “el día después”, puesto que en diez años, la vida de todos habría cambiado (para mejor o para peor), pero era necesaria una correcta línea de tiempo, que concordara con toda lógica al situar a los personajes en el año 2007. Pero aun así, me pareció una idea estupenda. Así que me lancé a ello con “No fue un suicidio si aún estás aquí”, la segunda parte. Obviamente, tras dar por zanjada la idea de que la segunda parte transcurriría en 2007, estaba claro que el desenlace de la tercera parte tendría que ocurrir otros diez años después, en 2017. Que casualmente, es el año en el que empecé a preparar la primera parte para su publicación. El círculo me resultó perfecto.

En el tercer libro, los personajes se acercan a cumplir los cuarenta años, donde todo ha evolucionado tanto que los personajes ya tienen claro su destino. O al menos así lo creen ellos. Tras dos décadas encerrados en aquella ciudad maldita, Danford está preparada para todo lo que vaya a ocurrir. Y te aseguro que lo que va a suceder va a ser el colofón a una historia que me ha marcado más de lo que yo hubiera podido imaginar jamás.

Si te preguntas si ya sé cómo va a acabar la historia de Danford, te puedo decir que sí. De la misma forma que cuando comencé a escribir la segunda parte ya tenía claro el final (aunque luego se añadan o se borren ideas). La idea en grueso estaba clara. Igual que ocurre con el tercero. Tengo claro donde empiezan los personajes y donde van a acabar. Es el recorrido lo que puede variar a medida que vaya escribiendo.

Si has leído alguna de las dos partes, te habrás hecho una idea de la forma de escribir que me caracteriza. ¿Que soy cruel? Puede que sí, no te lo voy a negar. ¿Qué disfruto con ello? Para nada. Cuando las ideas van surgiendo y van tomando forma, tengo que sincerarme contigo y decirte que lloro. Lloro y bastante. Imagino que es porque los personajes están tan metidos en mi interior que hasta me auto inculpo por llevarlos por todos esos caminos. Pero es que no creo que otro camino pudiera ser mejor que por el que les he mandado.

Mucha gente me pregunta si tengo ganas de escribir otras historias alejadas de Danford. Y mi respuesta siempre es la misma. Por supuesto que quiero contar otras ideas que rondan por mi cabeza, pero lo que está claro es que Danford todavía bate mi cabeza en su tercera parte para conseguir un cierre perfecto a la historia que satisfaga a mis lectores (o al menos eso espero) y que concluya la historia de mis personajes. Pero es difícil (al menos para mí) el pensar que cuando el tercer libro esté concluido, Danford dejará de formar parte de mi vida. Porque todos ellos han convivido (y conviven en esta recta final) cada día, a cada paso, en cada imagen en mi cabeza, en cada frase que resuena en mi mente. Pronunciadas por ellos, sé que me va a costar separarme de ellos… Aunque nunca se sabe.

¿Qué opinas sobre esta idea de trilogía? Suscríbete a mi web, pincha en “Me gusta” y comparte este artículo si te ha gustado.

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Suicidio del 97

ENSAYOS, ENSAYOS, ENSAYOS

Cómo se prepara una función teatral…

Buenas mañanas de domingo querido/a lector/a!! Otra semana más me acerco por aquí para hablarte un poquito sobre el maravilloso mundo del teatro. Hoy te contaré los entresijos que hay antes de que te sientes en la butaca de un teatro a disfrutar de una obra teatral: LOS ENSAYOS.

La duración de una obra teatral suele ser una hora y media (aproximadamente), pero detrás de ese corto espacio de tiempo, hay una gran cantidad de horas de trabajo que mucha gente desconoce. Y para eso estoy yo aquí en el día de hoy.

La creación de personajes

Como ya expliqué en el post anterior, la creación de personajes es primordial a la hora de darle vida a un montaje teatral. No me extenderé en la necesidad de este punto, pero si ahondaré un poco en diferentes ejercicios a la hora de conseguir nuestro objetivo. La forma de caminar es importante, la composición física de tu personaje, en definitiva. Cómo se mueve en cada escena, cómo se sienta, cómo utiliza los objetos a su alrededor. Cómo interactúa con cada uno de sus partenaires en cada escena de la obra. Al final, lo que hacemos es conseguir naturalizar un ente, otorgándole las mismas acciones que realizamos nosotros mismos día a día.  Pero debemos evitar en todo momento otorgarle nuestros gestos, nuestros movimientos, nuestro ser… Obviar todo lo que ofrezca un atisbo de nuestra propia personalidad. Al fin y al cabo, el personaje debe diferenciarse de nosotros, lo suficiente como para que nadie nos reconozca. Nuestros tics deben desaparecer y tenemos que hacer aparecer otros nuevos, acordes a la personalidad del personaje.

La voz

Cierto es que, si lees esto y no conoces mucho este mundo, te preguntarás que cómo es posible que variemos la voz. Pues se puede. Tú mismo seguro que lo has hecho cuando imitas a alguien… La única diferencia es que, en nuestro trabajo, hay que educar nuestras cuerdas vocales para soportar esas variaciones durante todo el espectáculo. Este trabajo es muy importante y necesario, puesto que una mala colocación del diafragma, podría provocar daños irreversibles en nuestras cuerdas vocales. Cada respiración, cada suspiro, cada grito, aunque no lo parezca, está estudiado para mantener a salvo la voz del actor. Y es un trabajo delicado, minucioso y, sobre todo, muy técnico. Aunque a oídos del espectador, suene tan normal como la vida misma.

El espacio escénico

A la hora de realizar un montaje hay que tener conciencia del espacio en el que nos movemos. Existen infinidad de estilos teatrales, desde el realismo, en el que el espectador observará cada objeto en su forma real (una silla, un vaso, una espada…) hasta el teatro más surrealista o experimental en el que el espacio vive en la mente del artista y nada es lo que parece (o incluso a veces es invisible). Dependiendo del estilo de obra, el actor debe conocer el espacio en el que va a actuar, las delimitaciones, los pros y los contras de su cuadro escénico.

El calentamiento y la concentración

Antes de comenzar los ensayos (o las actuaciones ante el público) es primordial efectuar un calentamiento, tanto corporal, vocal y espiritual. ¿Espiritual? Bueno, quizás no es la palabra más acertada, lo sé. Pero existe la necesidad en muchos actores, de abstraerse en sí mismos, de evadirse de lo que les rodea, no escuchar a los compañeros, no pertenecer al entorno, para prepararse para lo que se avecina. No deja de ser una forma de relajación o de concentración. Como ya sabes, cada persona es un mundo y cada mundo es diferente. Hay actores que necesitan repetir su texto una y otra vez hasta que el telón se abre; otros necesitan oír música que les prepare mentalmente; hay quien utiliza el humor para calmar los nervios y hay quien no soporta oír a nadie antes de salir a escena. Tantas variantes como granos de arena tiene el desierto. El calentamiento corporal y vocal, obviamente debe hacerse antes que el público esté en la sala… No existe nada más poco profesional que sentarse a esperar que comience la función y escuchar ruidos tras el telón…

El texto

Desde mi punto de vista como actor, uno de los puntos más necesarios a la hora de comenzar los ensayos, es el texto. Y no me refiero al hecho obvio de conocer la obra y haber leído el texto. Hablo de la memorización del texto. Desde mi humilde opinión, es el trabajo más duro para el actor, siempre que hablamos de un personaje que tenga mucha participación en la pieza teatral. Es un ejercicio en el que la memoria es parte fundamental, porque no solo has de recordar todo lo que tu personaje dice, sino que debes darle credibilidad a todas sus palabras. Y si el texto no está afianzado en tu memoria, difícilmente podrás naturalizarlo y darle vida.

Los movimientos

Marcados por el/la director/a, van dándole forma al montaje teatral. Lo primero que se marcan son los movimientos básicos en escena de cada personaje. Hacia dónde se mueven, con qué objetos interactúan… es decir, se van colocando las piezas del ajedrez y cada figura se va moviendo en función de las necesidades de la obra y la visión del director/a. Todo este trabajo del director, ayuda a remarcar la memorización del texto, al marcar en qué zonas y en qué momentos se ha de declamar cada frase.

Las intenciones

Cuando los movimientos y la memorización del texto ya están totalmente afianzados, es el momento de trabajar las intenciones. ¿A qué me refiero con esto? La intencionalidad con la que se pronuncia cada frase, el sentido de cada palabra, de cada monólogo. Realzar el por qué de todo el texto que pronunciamos para darle vida a la historia. Uno de los problemas más comunes a la hora de realizar el montaje es tratar de mezclar memorización de texto, movimientos e intenciones todo a la misma vez. Los actores y las actrices no son robots y necesitan procesar en orden todo el trabajo que tienen por delante.

El vestuario

Esta parte de los ensayos, suele ser importante en función del tipo de vestuario que tenga el montaje teatral. Normalmente, el ensayo con vestuario suele hacerse muy cerca del estreno, a veces en el ensayo general o el ensayo anterior al general. A no ser que exista algún tipo de dificultad a la hora de llevar el vestuario, no suele ser muy necesario trabajar con él.

Importante

Si no conoces el mundo del teatro por dentro, solo quiero decirte que este post es algo genérico; es decir, no todos los ensayos son iguales, puesto que cada actor es un mundo, cada director tiene su propia metodología de trabajo y cada compañía teatral trabaja con sus rutinas. Siempre te hablo acerca de mi experiencia profesional y sobre todo personal. Al final, para llevar a cabo un montaje teatral, todos los puntos anteriores son importantes y necesarios, aunque haya quien les dé más o menos importancia. Pero a grandes rasgos, ya has conocido un poquito los entresijos de todo lo que existe tras el espectáculo que alguna vez hayas visto en un teatro.

Espero que te haya gustado este pequeño análisis del trabajo a puerta cerrada de los actores y actrices antes de estrenar una obra teatral. No olvides darle a “me gusta”, comparte el artículo y comenta lo que quieras… Me gustará conocer tu opinión. ¿Habías analizado alguna vez todo lo que se cuece tras una obra teatral?


CREANDO PERSONAJES SOBRE EL ESCENARIO

Creando personajes de Alexander J. Cox

Porque actuar esconde muchos matices desconocidos…

¡Ya queda menos para despedir este año tan inusual y extraño!

Y lo cierto es que apetece decirle adiós; tratar de dejar atrás este cambio en nuestras costumbres, en nuestro día a día. Reorganizar nuestra vida en función a unas nuevas directrices, redirigidos hacia una diferente y extraña normalidad.

Analizando todo lo que ha rodeado nuestra vida estos últimos meses, se me ha ocurrido escribir acerca de algo que quizá desconozcas. Es probable que nunca te hayas parado a pensar en ello cuando estás sentado en la butaca del teatro o del cine, incluso en el sofá con unas palomitas y una manta que te preserva del frío exterior. En este artículo te voy a explicar algo que muchas veces me han preguntado y siempre trato de explicar lo más claramente posible: como creamos los personajes que interpretamos en teatro, cine o televisión.

Obviamente, yo me centraré más en mi experiencia teatral, puesto que tampoco tengo grandes nociones en cine o tv, aunque entiendo que no distará mucho. Actuar no es darle a un clic en el cerebro y comenzar. Sobre todo, cuando te dicen que si eres actor, que les interpretes algo, a ver qué tal… No es tan fácil (al menos para mí) si quieres hacerlo bien.

Cada personaje que interpretamos, se convierte en un ser de carne y hueso en el momento que decidimos aceptar el reto de llevarlo a escena. Antes solo era unas líneas en un papel, un esbozo de ser humano, un protagonista de una historia contada, pero nosotros le insuflamos vida para que el público descubra a esas líneas convertidas en seres vivos. Cada personaje tiene una historia (debe tenerla) y eso no implica que el propio autor de la obra nos explique cuál fue su pasado y qué le ocurrió antes de llegar a la primera página del libreto teatral. No es estrictamente necesario que el autor nos ofrezca esa información. Pero nosotros, como actores, debemos crearla. En base a la historia que vamos a representar, tenemos que erigir nuestro personaje desde los cimientos. No solo su aspecto físico (que creamos a partir de trabajos posteriores) sino su aspecto interior.

Existen muchísimas variantes a la hora de crear tu propio personaje. En realidad, son una batería de preguntas que van delimitando todas las aristas de tu personaje. Tú mismo te las puedes inventar, cuantas más, mejor. Desde datos acerca de su infancia, familia, estudios, etc… Hasta aspectos mucho más personales, como creencias teológicas, políticas, morales, e incluso sexuales. A lo mejor estás sonriendo, pensando que para qué hace falta todo eso para subirse a un escenario y decir unas cuantas frases. Sencillo. Si el personaje que interpretas no tiene vida, tú no se la vas a poder dar, por muy bien que te aprendas el texto y conozcas tus movimientos en escena.

De la misma forma que nuestras acciones en la vida vienen determinadas por una serie de vivencias personales, las cuales nos han formado moral y sentimentalmente, el personaje también lo necesita. Si tu personaje llora, no solo es porque el autor acota que debe llorar. Debes preguntarte ¿por qué llora, si es una mujer fuerte? Quizá es fuerte frente a la vida, pero la situación que está viviendo remueve recuerdos de eventos pasados que no logró superar… Es solo un ejemplo, de cómo todo lo que el personaje haga debe tener un sentido, y para eso debes darle un trasfondo. ¿Supone inventárselo? Pues sí, en algunos aspectos sí. Porque no puedes saber quién fue la primera novia, o el primer beso de tu personaje, pero sí sabes que es un personaje enamoradizo; si en la pieza teatral sufre por amor, puedes imaginar que su primer amor fue triste e inolvidable. Así cada vez que sufra en escena, tu mente recordará su pasado atormentado por el amor desde su adolescencia. Como digo, esto son solo ejemplos que demuestran que cuanto más rico sea tu personaje para ti (nadie conocerá todos esos datos que te has inventado) y mucho más enriquecedor para la obra y para el público.

El personaje no caminará como tú (eso no implica que deba cojear, dar saltitos o mover las caderas exageradamente) y es algo que se debe trabajar. Su personalidad hará que la actitud presencial ante el resto de personajes sea diferente a la tuya. Porque no hay nada más frustrante para un actor que le digan que le han visto en escena porque tal o cual gesto es muy peculiar en su día a día. La idea es que el personaje que aparece en escena no seas tú, no tenga nada que el espectador pueda hilar con tu “yo” real. No te sentarás igual, no beberás igual, no reirás igual. Y no significa hacer una pantomima del personaje. Son pequeños detalles los que marcan la diferencia entre fantasía y realidad.

Así que para terminar, cada personaje es único e inimitable. Nunca habrá dos Julietas iguales, ni dos Tenorios clonados. Ahí aparece latente el arte de los actores/actrices.

Espero que te haya parecido interesante este viaje a través de uno de los muchos trabajos del actor/actriz antes de enfrentarse a mostrar su trabajo al público. No olvides darle a “me gusta”, comparte el artículo y comenta lo que quieras… Estaré encantado de conocer tu opinión. ¿Habías pensado en ese trabajo que realizan los actores?

¡NOS VEMOS EN EL 2021!


NO FUE UN SUICIDIO SI AÚN ESTÁS AQUÍ

La segunda parte de «Suicidio del 97» ya está aquí…

¡Bienvenido de nuevo tras el parón veraniego!

Cierto es, que este descanso de la web no iba destinado a disfrutar de los rayos de sol y del ocio al que este clima nos invita. Con la situación actual, el paréntesis ha sido más bien a nivel  neuronal; es decir, el calor me frena la creatividad… Y aún nos quedan días de buen tiempo, pero las noches que refrescan cada vez más, aunque sea poco a poco, también activan las ganas de escribir.

Y precisamente de eso trata este primer post tras el verano. De la escritura, y de mi nueva novela “No fue un suicidio si aún estás aquí”. Me alegra poder retomar el trabajo en mi web con el anuncio de la publicación de mi segundo libro, que supone la segunda parte de la historia que comencé el año pasado con “Suicidio del 97”. Y qué necesitas saber de “Suicidio del 97” para continuar la historia… Sencillo, deberías haberlo leído ya ;D. Al final del post te dejo el enlace para la compra de ambos libros. Recuerda que siempre te llegarán dedicados por el que suscribe al adquirirlos en mi web.

La pequeña ciudad de Danford abre de nuevo sus puertas, para sumergir al lector en nuevas tramas, intrigas, sueños rotos, amor y traición… Si sueles seguir mis RRSS (@suicidiodel97 por ejemplo), conocerás cuando se desarrolla esta segunda parte. Pero si no sueles bichear mucho, te contaré que “No fue un suicidio si aún estás aquí” transcurre en el año 2007; es decir, diez años después de los sucesos acaecidos en la primera parte. Una década en la que la vida de los protagonistas ha evolucionado, transformando a aquellos adolescentes en jovenes con vidas más o menos definidas. Diez años dan para mucho, es cierto, pero la idea de continuar la historia con el conocido “día después”, era algo que no me satisfacía en demasía. La historia que se desarrollaba en “Suicidio del 97” tenía principio y final (más o menos abierto, pero una salida y una meta a la que llegar) y no necesitaba continuar relatando el día posterior a los sucesos de aquel invierno de 1997.

Como escritor, me resultaba más interesante situar la nueva acción diez años después de aquel último día en Danford. Los adolescentes ya han madurado, han encauzado sus vidas y acarrean sus errores del pasado, mezclándolos con su día a día en 2007.

Para ti, que ya leíste la primera parte, sin hacer los conocidos spoilers que tanto odio, te informo que muchos personajes a los que amaste u odiaste en “Suicidio del 97” volverán a abrirse ante ti, mostrándote cómo les ha tratado la vida durante tu ausencia. Daniel, Sarah o Kelly por nombra algunos, sumados a nuevos habitantes que han entrelazado sus vidas con ellos, formarán una nueva tela de araña llena de mentiras, odios, pasiones y lágrimas. Esa misma tela de araña que tanto disfrutaste en la primera parte, prometo que volverá a engancharte de una forma más brutal y desgarradora. Porque Danford no ha cambiado. Pero sus habitantes sí. Y te aseguro que si tu primera visita no fue agradable (como rezaba la publicidad), esta segunda se convertirá en un verdadero infierno.

Espero que la disfrutes por lo menos, la mitad de lo que he disfrutado yo escribiéndola para ti.

¡¡HASTA LA PRÓXIMA!!

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Suicidio del 97

HOY TE DIGO ADIÓS

La dureza de los cambios

Hoy mis labios pronuncian esa palabra que delimita el fin de lo conocido. Adiós. Hoy vuelvo a sentarme ante el teclado, observando una página en blanco. Y hoy vuelvo a escribir. Empiezo a ser consciente de cómo ha cambiado todo. De repente, sin derecho a réplica. Es gracioso pensar en lo fácil que resulta nuestro día a día cuando la costumbre y el hastío conviven en nuestro interior. Levantarse, mojar unas galletas en el café y salir de casa para enfrentarse a la rutina de un trabajo que hace demasiado que dejó de importarnos lo suficiente como para disfrutar de él. Pero que, casualmente, paga las facturas. Y da de comer. Y permite sobrevivir en la vorágine que es la vida. Cuando te encuentras en esa rueda de hámster, sabes que tienes que seguir girando sin parar; aunque no llegues a ninguna parte, aunque sigas en el mismo sitio. Porque estás estancado y aun sabiéndolo, te quedas ahí. Girando sin parar. Porque así es la vida; o al menos lo que creemos que es la vida. Y somos felices.

Hasta que llega un día en el que te dicen que pares. Que la rueda deje de girar. Que tú no puedes estar girando sin parar, porque no lo vas a soportar; tu cuerpo no lo va a soportar. Y te obligan a parar, aunque tú quieras seguir intentándolo con todas tus fuerzas. A pesar del dolor, de lo que pueda pasarte, tratas de empujarte con las manos, clavando las uñas en aquella rueda e intentando parecer capaz. Pero no lo eres. Ya no. No puedes seguir girando, y las lágrimas de impotencia nublan tu vista, porque por más que grites que quieres seguir en toda aquella rutina dolorosa, sabes que no vas a ser capaz. Y duele. Porque aunque la conciencia agradezca esa invitación a abandonar el barco, el corazón se rompe en pedazos cuando eres consciente de que te vas a hundir y el barco seguirá a flote.

Confusión. Miedo nunca. Nada más. Sencillamente se cierra una puerta y se abre otra. Porque la vida aprieta, pero no ahoga. Reinventarse en estos tiempos es algo que está a la orden del día. No seré el primero ni el último. Solo es cuestión de organizarse; de recolocar las piezas del puzle para que muestren otra escena, otra imagen. Un nuevo camino. Poco a poco, queda mucha vida por delante. Sin prisa pero sin pausa, como suelen decir.

Cierro esta etapa, al menos por ahora, tras más de una década al pie del cañón. Sonriendo, mordiéndome la lengua, preocupándome, enfadándome, sintiéndome parte de algo grande. Algo que ya no existe; algo que se desvaneció hace tanto tiempo como aquella ilusión con la que todo se levantó. Todos lo sabíamos, pero era más grande la unión que la verdad. Remábamos sin descanso, siempre contra marea. Y siempre juntos. Eso sí que lo voy a echar de menos. Cada mirada confidente, cada sonrisa maliciosa, cada risa llena de veracidad. Todo lo que construimos nosotros. Entre nosotros. Todo lo demás no deja de ser más de lo mismo. Mismo perro con diferente collar. Pero tampoco tiene nada de malo, así es la vida. Así es el mundo y así nos hemos acostumbrado a vivirlo. Y nos parece bien; o al menos, nos paga las facturas.

Mirar hacia atrás no es una opción que me guste; ni siquiera que me apetezca. Pero he de hacerlo para saber que realmente lo he dejado atrás, que ya no formo parte de todo aquello. Que lo que dejo es un cúmulo de recuerdos, de anécdotas, de vivencias… Y que nunca van a desaparecer, al menos dentro de mí seguirán latentes durante mucho tiempo. A todos y a cada uno de los que viajaron conmigo, los que se apearon antes que yo, a los que invitaron a abandonar aquel tren, y sobre todo a los que siguen de viaje… A todos los que en mayor o menor medida formaron parte de mi maravilloso viaje que ahora llega a su fin, solo puedo dedicarles un inmenso gracias por todo lo vivido, por todo lo aprendido. Un gracias por enseñarme a disfrutar de la vida, por hacerme reír y por hacerme llorar. Por hacerme formar parte de otras vidas y por poder dejar mi huella en algunos corazones.

Ahora, el presente aparece difuso, turbio, nublado… Sé que es cuestión de tiempo, que día tras día, toda esa confusión irá desapareciendo, dando paso a nuevas oportunidades, nuevos cambios, una nueva vida. O al menos diferente a la anterior, distinta a la que conocía y a la que me había acostumbrado. Porque me pagaba las facturas. Como a todos.

Pero la sonrisa no es algo que desaparezca tan fácilmente, y la mía seguirá durante mucho tiempo adornando mi rostro, formando parte de todo lo que está por venir. Que va a ser grande e inolvidable. Como todo lo que he vivido hasta ahora. Incluso mejor.

¡¡NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE!!


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