QUERERSE A UNO MISMO II

Solo hay que desnudar el alma y aceptarla

QUERERSE MENTALMENTE. No valorar nada de lo que hacemos, nada de lo que conseguimos, nada por lo que luchamos. Dejar que la opinión de los demás sea la que ensalce tus triunfos es uno de los errores más grandes que podemos cometer. Porque el resto del mundo no gira en torno a ti, lo que quiere decir, que llegarán momentos en los que no haya nadie alrededor para decirte que lo que has hecho está bien o mal. Y eso te va a crear una sensación de abandono, de fracaso, porque no has aprendido a auto valorarte a ti mismo. Nadie te ha enseñado que creer en ti mismo y en lo que haces, es una de las sensaciones más placenteras que existen.

Cuando publiqué mi primera novela “Suicidio del 97”, todas las críticas que me hicieron fueron buenas; prácticamente todas. Había blogueras que hablaban en su IG acerca de mi libro y lo recomendaban. Eso me hacía feliz. La gente contestaba dando las gracias por dar a conocer a un nuevo autor, etc… En el momento que leía a alguien que decía que “no le llamaba nada la atención la historia”, mi mente se aferraba a ese mensaje (perdido entre muchos positivos) y lo colocaba en la vitrina de mis fracasos. Era mal escritor. No tenía la valía suficiente. Era el mensaje que primaba sobre el resto. Con las obras de teatro que escribí o protagonicé, ocurría lo mismo. Cualquier crítica positiva quedaba anulada por un comentario negativo. No sabía equilibrar las opiniones de los demás. No era capaz de entender que no le puedes gustar a todo el mundo. Mi mente prefería decidir que no eran opiniones. Eran sentencias. Y las negativas eran las primordiales.

QUERERSE FÍSICAMENTE. Llegamos a un punto bastante delicado para muchísima gente. El no aceptar su físico. Es decir, no gustarle la fachada que la gente ve de ellos. Yo era uno de esos. Obviamente, en la autoestima entran muchos factores; prácticamente todos. Y el físico no se puede dejar atrás. Era realista cuando me hablaba a mí mismo; no te gusta tu cuerpo, vale. Te lo compro. Lo entiendo. Uno de los aspectos de mi físico, claramente era mi peso y mi musculatura. Sobre todo al llegar el verano, todos los cuerpos definidos me llamaban mucho la atención. La pregunta era la siguiente: ¿tienes la fuerza de voluntad para ir al gimnasio y trabajar en conseguir un cuerpo así? La respuesta era sencilla y sincera. No. No me gusta ir al gimnasio y en aquel momento no iba a ir a hacer algo que me hiciera infeliz. Entonces, si no vas a trabajar en mejorar, acepta que lo que tienes está bien. Los habrá mejores, peores. Pero siempre tendemos a compararnos. Y qué casualidad que lo hacemos con alguien que se acerca a nuestras expectativas. Nunca a la inversa. Que tampoco es la solución, que conste.

Comparaciones son odiosas y ese dicho popular es tan real como la vida misma. Lo que no puedes o no quieres cambiar conforma quien eres. Y no está mal. Es hermoso. Para ti debe ser hermoso. Lo que piense el resto, poco importa. Porque probablemente, cualquiera de tus referentes de lo que te gustaría llegar a ser, poseen otros miedos y carencias de las que tú tienes de sobra. No trates de ser como nadie. Sé tú mismo. No hay nada más bello.

¿Te gustaría tener más músculo? ¿Más pelo? ¿Tener más altura? La respuesta es más sencilla de lo que parece. ¿Puedes cambiarlo? Cámbialo. ¿No puedes cambiarlo? Acéptalo. Si te gustaría tener más pelo, porque te estás quedando calvo, lucha por conseguir mejorar algo que puedes cambiar. Trabaja cada día por llegar a ese objetivo. Si tienes los ojos negros y te gustaría tenerlos azules, lo siento. Eso no se puede cambiar. Pero es igual de bello, porque forma parte de ti, de tu forma de mirar cuando sonríes, de tu mirada cuando lloras… Eres tú.

Podrías tener menos barriga, los labios más gruesos, la barba más tupida, los pies más bonitos… Sí, que sí. Pero no tienes nada de eso. Eres tan especial porque todo tu conjunto ha creado a esa maravillosa persona que eres. Con sus virtudes y sus defectos. Solo tienes que convertir los defectos físicos en tus mejores virtudes. Amar la imperfección, porque eso es lo que nos convierte en seres especiales y únicos. No tienes lo que deseas, pero si lo tuvieras, quizás te faltaría algo más. Y algo más, y más y más… es un círculo vicioso que no sirve para nada.

EL CAMBIO. Llegó un momento en el que descubrí que la persona que veía frente al espejo no era la misma persona que veía meses atrás. Era el mismo rostro, obvio, pero la percepción de lo que era mi reflejo había cambiado. Y era porque mis ojos veían a alguien a quien sí aceptaban tal y como era. Y les gustaba lo que veían. Porque quererse a uno mismo es el inicio de poder querer al resto. En paz con nuestro interior. Amando cada esquina y cada poro de uno mismo. Yo tardé meses en entenderlo y abrazar aquella sensación. Y te digo que es maravillosa.

Otra de las cosas que he aprendido es a valorar todos y cada uno de mis trabajos. A día de hoy, me encanta ver los videos de todo lo que he hecho, me gusta oírme y analizar positivamente el cómo mejorar ciertas cosas. Me encanta escribir y me apasiona lo que consigo transmitir con mis textos. Veo cada cosa que sale de mis dedos en el teclado y sé que merece la pena. Porque está hecho desde el corazón. ¿Qué no soy el mejor escritor? Puede, pero soy muy bueno. ¿Qué no soy el mejor actor del mundo? Puede, pero soy muy bueno. Porque he aprendido que remuevo el corazón de la gente que me ve, que me lee… Todo es mejorable, es cierto, pero lo que hay es muy bueno. Ahora me lo creo, ahora me quiero.

Ahora sé que lo que opinen los demás es secundario. Porque la opinión de los demás es importante, pero no determinante. Como te veas tú es como te verá el resto.

Y hasta aquí este post dividido. Espero que no te haya aburrido en demasía. Pero al final, me permito de vez en cuando estas licencias, porque me las merezco.

Quiérete mucho, ama lo que haces, deja atrás los miedos y lucha por ser la mejor versión de ti mismo.

¡Nos vemos en el 2023! ¡Entra con la cabeza bien alta en el nuevo año!

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