SECRETOS DE MI TRILOGÍA

Secretos de mi trilogía de Alexander J. Cox

Escribiendo la tercera parte, me apetece contarte esto…

¡Bienvenido de nuevo a mi universo querido visitante!

Hoy, último día del mes de febrero que nos abandona, me apetece contarte un poquito más acerca de la historia sobre mis novelas. Y voy a desgranarte el porqué de mi trilogía y las razones por las que decidí crearlas de la manera que lo hecho (y que sigo haciendo, pues estoy inmerso en el desenlace con el tercer libro).

Como no sé si ya has leído las dos primeras novelas, no haré spoiler acerca de nada de lo que ocurre en ninguno de los dos, pero sí te explicaré cómo está concebida la historia de los habitantes de Danford.

Para hacerlo bien, lo importante es empezar desde el principio. La primera parte de esta trilogía se titula “Suicidio del 97”, y como se deduce, transcurre en el invierno de 1997. Los personajes principales, son adolescentes que rondan los diecisiete años de edad, todavía están en el instituto y sus historias se entremezclan poco a poco a medida que avanzan los capítulos. Eddie, Sarah, Daniel, Sammy, Kelly o Donna, comparten desventuras propias de su edad (y no tan propias), con sus miedos, sus frustraciones, sus ilusiones y sus tristezas. Cada uno de ellos afrontará sus devenires de diferente forma, con mayor o menor éxito.

Cuando empecé a transcribir esta primera parte, no pensé en prolongar la historia. Al fin y al cabo, era una novela escrita en aquella época, “remasterizada” años después, pero tanto mi personalidad como mi madurez habían evolucionado. Cuando la primera parte “Suicidio del 97” estuvo en el horno, se me ocurrió continuar la historia de una manera diferente a lo que normalmente estamos acostumbrados. Es decir, en mi segundo libro no existiría “el día después”. Con mi forma de pensar y afrontar la vida a día de hoy, no sentía que volver a 1997 tuviera mucho que ofrecer. Y en mi cabeza surgió la chispa:

¿Y SI LA SEGUNDA PARTE

TRANSCURRIESE DIEZ AÑOS DESPUÉS?

En mi mente se vislumbraron los personajes diez años después, acercándose a la treintena, con una madurez totalmente distanciada de aquellos adolescentes de la primera parte. Podría ser una buena idea. El trabajo de continuación resultó bastante más difícil que “el día después”, puesto que en diez años, la vida de todos habría cambiado (para mejor o para peor), pero era necesaria una correcta línea de tiempo, que concordara con toda lógica al situar a los personajes en el año 2007. Pero aun así, me pareció una idea estupenda. Así que me lancé a ello con “No fue un suicidio si aún estás aquí”, la segunda parte. Obviamente, tras dar por zanjada la idea de que la segunda parte transcurriría en 2007, estaba claro que el desenlace de la tercera parte tendría que ocurrir otros diez años después, en 2017. Que casualmente, es el año en el que empecé a preparar la primera parte para su publicación. El círculo me resultó perfecto.

En el tercer libro, los personajes se acercan a cumplir los cuarenta años, donde todo ha evolucionado tanto que los personajes ya tienen claro su destino. O al menos así lo creen ellos. Tras dos décadas encerrados en aquella ciudad maldita, Danford está preparada para todo lo que vaya a ocurrir. Y te aseguro que lo que va a suceder va a ser el colofón a una historia que me ha marcado más de lo que yo hubiera podido imaginar jamás.

Si te preguntas si ya sé cómo va a acabar la historia de Danford, te puedo decir que sí. De la misma forma que cuando comencé a escribir la segunda parte ya tenía claro el final (aunque luego se añadan o se borren ideas). La idea en grueso estaba clara. Igual que ocurre con el tercero. Tengo claro donde empiezan los personajes y donde van a acabar. Es el recorrido lo que puede variar a medida que vaya escribiendo.

Si has leído alguna de las dos partes, te habrás hecho una idea de la forma de escribir que me caracteriza. ¿Que soy cruel? Puede que sí, no te lo voy a negar. ¿Qué disfruto con ello? Para nada. Cuando las ideas van surgiendo y van tomando forma, tengo que sincerarme contigo y decirte que lloro. Lloro y bastante. Imagino que es porque los personajes están tan metidos en mi interior que hasta me auto inculpo por llevarlos por todos esos caminos. Pero es que no creo que otro camino pudiera ser mejor que por el que les he mandado.

Mucha gente me pregunta si tengo ganas de escribir otras historias alejadas de Danford. Y mi respuesta siempre es la misma. Por supuesto que quiero contar otras ideas que rondan por mi cabeza, pero lo que está claro es que Danford todavía bate mi cabeza en su tercera parte para conseguir un cierre perfecto a la historia que satisfaga a mis lectores (o al menos eso espero) y que concluya la historia de mis personajes. Pero es difícil (al menos para mí) el pensar que cuando el tercer libro esté concluido, Danford dejará de formar parte de mi vida. Porque todos ellos han convivido (y conviven en esta recta final) cada día, a cada paso, en cada imagen en mi cabeza, en cada frase que resuena en mi mente. Pronunciadas por ellos, sé que me va a costar separarme de ellos… Aunque nunca se sabe.

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Suicidio del 97

KM. 666 DESVÍO AL INFIERNO (o cuando tomas el camino equivocado)

Km. 666 Desvío al infierno (2003)


Dirección: Rob Schmidt

Reparto: Desmond Harrington, Eliza Dushku, Jeremy Sisto, Emmanuelle Chriqui, Lindy Booth, Julian Richings y Kevin Zegers

SINOPSIS

Un estudiante de medicina que se dirige a una entrevista de trabajo, toma un desvío por los bosques de Virginia para escapar del atasco general en la carretera. A pocos kilómetros del desvío, choca contra un coche que se encuentra en medio de la carretera. Un grupo de jóvenes han sufrido un accidente y su coche ha quedado inutilizado. Junto a ellos, se interna en el bosque en busca de ayuda, sin saber que están siendo observados y son presa fácil para los habitantes del bosque.

OPINIÓN PERSONAL DE “KM. 666 DESVÍO AL INFIERNO”

¿Por qué hablo hoy de “Km. 666 Desvío al infierno? Bueno, como consumidor de cine de terror, he visto por las RRSS el tráiler de un remake de esta película y decidí verla (una vez más) para recordar todo lo que sentí la primera vez que la vi.

Si sueles leer mis posts, sabrás, que aun no siendo una actriz muy famosa, me encanta Eliza Dushku. Ya la mencioné en el post de “A por todas” y en el de “Buffy cazavampiros(interpretó a Faith Lehane). La pequeña hija de Arnold Schwarzenneger y Jamie Lee Curtis en “Mentiras arriesgadas” creció y protagonizó, entre otras, este slasher de manual. Nada más que por su presencia, merecía ver esta película. Y no me arrepentí en absoluto. También participa Desmond Harrington (Ghost ship) o Jeremy Sisto (Tormenta blanca). Pero entremos en materia.

Película de principios de los 2000 con todos los ingredientes  necesarios para ser un slasher en toda regla. Jóvenes perdidos en un bosque, sin cobertura y asediados por unos asesinos despiadados. Y no hay más. El argumento de las películas slasher no suele ser mucho más rebuscado. Puedes tratar de dar un giro final que sorprenda al espectador, pero las tramas de terror teen siguen un patrón tan trillado como efectivo. Y esta película de la que te hablo hoy, cumple con lo prometido: terror y palomitas.

Un grupo de jóvenes se adentran en un bosque tras un accidente con su vehículo y comienzan a ser perseguidos por un grupo de asesinos caníbales que habitan en las montañas. Uno de los puntos a favor que encuentro en esta película, es la concordancia entre día y noche; es decir, se pierden de día, llega la noche y nuevamente el día. Existen muchas películas que ocurren prácticamente en su totalidad en la oscuridad de la noche, y eso, en muchos casos, resta tensión al filme. Para mí, no existe terror más agobiante que el que aparece a la luz del día. La ausencia de luz, de por sí aterra, pero la luz del sol tiene algo que acrecienta ese nerviosismo de verlo todo tan claro, y aun así, no saber que hay a tus espaldas. Y “Km. 666” juega más tiempo bajo los rayos del sol que bajo la luz de la luna. Y eso me gusta.

Los personajes aparecen lo suficientemente delineados como para conocerlos y sufrir con ellos. Como en cualquier historia de este tipo, existen personajes a los que matarías tú directamente, pero esa deformidad en el grupo es lo que engrandece este tipo de películas. La diferencia de caracteres, las decisiones erróneas, las actitudes sin sentido. Lo digo mucho, lo sé, pero nunca sabré como actuaría yo en ciertas situaciones, así que, ¿qué puedo criticar yo?

Los antagonistas suelen ser muy importantes en los slasher, y aquí no se quedan atrás. Un trabajo de maquillaje muy bien realizado, una localización (su casa) resuelta muy dignamente, provocan en el espectador esa mezcla de repugnancia y rechazo propia del asesino de turno. Y aquí, la sangre no se echa en falta. Efectos dignos para la época, no dejan de mostrarnos que no nos encontramos ante una super producción de Hollywood. Pero es que tampoco creo que lo pretenda. Pocas películas de terror alardean de ello y ni siquiera lo intentan. Solo pretenden hacernos pasar un buen-mal rato a costa de giros de cámara, música inquietante y sustos a mansalva. Y créeme, “Km. 666. Desvío al infierno” tiene todo eso. Un cocktail para una noche de terror en las montañas de Virginia.

Ya sabrás que no suelo hablar mal de las películas que no me han gustado (excepción “Dirty Dancing 2017”), pero sí creo que es necesario comentarte algo de esta saga. El título original es “Wrong turn” y aquí en España decidimos hacer una traducción al libre albedrío y llamarla “Km.666 Desvío al infierno”. Pues bien, debido al enorme éxito que tuvo para ser una película de terror teen, la secuela estaba asegurada. “Wrong turn 2” se tradujo por “Camino sangriento: Km. 666 2”. Más retorcido imposible. Con el resto de secuelas (que fueron 4 más), el Km. 666 se perdió y la saga se llamó “Camino sangriento”. De acuerdo, por mí estupendo.

Me resulta muy gratificante que ésta primera película no lleve el mismo título que su infumable saga. Y te explico el por qué. Los personajes antagonistas (osea, los malos malísimos) fueron degradándose poco a poco tras cada secuela, tanto a nivel interpretativo (de tratar de asustar hasta tratar de hacer reír) como a nivel morfológico (las prótesis para deformar a los malos en cada película eran peores). Las historias, cada vez más rocambolescas, hasta llegar a un declive máximo.

Así que imagino que de ahí habrá surgido la idea de un reboot en vez de una nueva secuela. ¿Qué si le daré una oportunidad? Por supuesto. Se la di a las cinco partes (a cual peor), así que me parece coherente dársela al reboot. Al fin y al cabo, hay reboots que me han sorprendido gratamente. ¿Cuáles? Ya te iré hablando de ellos…

¿Conocías esta saga? ¿Piensas lo mismo que yo? ¡Deja tu comentario y suscríbete para conocer todas mis actualizaciones!


MISS (o el camino hacia la plenitud)

Alexander J. Cox Reseña

Miss (2020)


Dirección: Ruben Alves

Reparto: Alexandre Wetter, Isabelle Nanty, Pascale Arbillot, Thibault de Montalembert, Stefi Celma, Baya Rehaz, Hedi Bouchenafa, Moussa Mansaly, Alexiane Torres

SINOPSIS

Alex, un joven apocado que trabaja como profesor de boxeo para niños, sueña desde pequeño con ganar el certamen de Miss Francia. Con la ayuda de su “familia” de compañeros de piso, tratará de llegar hasta la final del certamen de belleza más conocido del mundo. Un joven que busca su identidad en un mundo con demasiados prejuicios y demasiadas ideas arraigadas.

OPINIÓN PERSONAL DE “MISS”

¡Feliz domingo de San Valentín visitante de mi blog! Creas o no creas en esta fecha señalada en el calendario como el día del amor, seguro que la reseña sobre la película de hoy te sorprende. Porque la historia que te voy a contar hoy trata sobre el amor; pero el amor más importante que puede existir: el amor a uno mismo. El conocimiento de la propia identidad, la búsqueda de la felicidad con la aceptación de uno mismo.

Lo más importante a la hora de afrontar esta película, es tener bien claro (a pesar de lo que pueda dar a entender la sinopsis) que no es una historia sobre una persona trans. Alex no es transexual, no se siente así. En ningún momento se vislumbra la posibilidad de que el personaje vaya a entrar en esa transición. En realidad, tampoco se confirma la heterosexualidad u homosexualidad del personaje. Y eso puede crear confusión, puesto que la definición no-binaria es relativamente nueva. Alex no se siente ni hombre ni mujer. Lo único que nos deja claro el director, es que Alex desde pequeño sueña con ser Miss Francia. Ese es su objetivo y decide luchar por él con todo lo que ello conlleva. Enfrentándose como mujer a un certamen en el que la perfección es símbolo de triunfo.

El ejemplo a seguir, su mejor amigo de la infancia que ha conseguido ser campeón de boxeo gracias a su tesón y fuerza de voluntad. Un gran apoyo para Alex, al igual que su disfuncional grupo de amigos (su única familia al fin de cuentas) que realizan el viaje con él.

He de decir que me esperaba una historia más dirigida a la comedia que al drama y ahí me equivoqué. Pero tampoco pienses que vas a llorar pañuelo en mano; sencillamente esta película francesa se toma muy en serio el camino que recorre Alex para sentirse realizado. Su discurso alaba el derecho a la propia identidad sin necesidad de dar explicaciones. Sin obligación ante nadie, sin derecho a represalia. Sin tapujos, directo al corazón. Y ahí es donde, para mí, acierta esta película. Su final, para mí sorprendente, da que pensar. Y eso me gusta.

Prácticamente el peso de la película recae completamente en su protagonista Alexandre Wetter, para mí, un gran descubrimiento. Un actor y modelo con una belleza andrógina increíble. Es verdad, alguien habrá que diga “si, si, pero se ve que es un hombre”. Hasta que se maquilla para entrar en el concurso. Lo siento por ese grupo de amantes de la crítica destructiva, pero es que incluso el cartel promocional de la película, da a entender que esa miss con la corona, es en realidad un hombre. El elenco en general gira en torno a Alex, matizando levemente el esbozo de cada uno de ellos. Tampoco creo necesaria la profundización en el resto de personajes, puesto que el viaje del héroe en este filme, es el viaje de Alex. No puede hacerlo solo, así que las pruebas las va superando gracias a su entorno, pero no creo que se precise saber más de ellos que lo que el director nos ofrece. Resulta más que suficiente.

Al igual que “Primer verano”, de la que hablé hace unas semanas, te invito a que descubras esta pequeña joya del cine galo, estrenada en plena pandemia. Con aquella película de Sébastien Lifshitz pudiste viajar al año 2000 y descubrir el despertar al amor homosexual de un adolescente. En este 2021, podrás descubrir el amor de un joven tímido hacia sí mismo, la aceptación del ser humano, con la sutileza que sólo el cine francés puede ofrecer. Y es que algo tiene el cine europeo, que se diferencia tan abismalmente del cine americano (que no lo menosprecio, por supuesto). El cine francés también se diferencia del español y estamos al lado. La fotografía, el método de narración, la música, los silencios. Cine intimista, que llega a tocar más allá del corazón.

La música original del filme (a excepción de algunos temas) corre a cargo de Lambert, que nos ofrece unas bellísimas composiciones musicales en gran parte pianísticas. Colocadas muy acertadamente en los momentos más delicados, dotan a la historia de la guinda dulce de un pastel que no peca de edulcorado en ningún momento.

Al final de todo, lo que he aprendido con este filme es la necesidad del ser humano de aceptarse tal y como es, dejando de lado el qué dirán; olvidando lo que la persona que está enfrente pueda opinar. Cada uno somos especiales tal y como somos, y ocultar nuestra esencia, lo único que hace es hacernos daño a nosotros mismos.

Y tras esta última reflexión, te deseo un San Valentín lleno de amor hacia ti con todo lo que eres, con todo lo que puedes llegar a ser y con todo lo que mereces. ¡Nos vemos la semana que viene!

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ENSAYOS, ENSAYOS, ENSAYOS

Cómo se prepara una función teatral…

Buenas mañanas de domingo querido/a lector/a!! Otra semana más me acerco por aquí para hablarte un poquito sobre el maravilloso mundo del teatro. Hoy te contaré los entresijos que hay antes de que te sientes en la butaca de un teatro a disfrutar de una obra teatral: LOS ENSAYOS.

La duración de una obra teatral suele ser una hora y media (aproximadamente), pero detrás de ese corto espacio de tiempo, hay una gran cantidad de horas de trabajo que mucha gente desconoce. Y para eso estoy yo aquí en el día de hoy.

La creación de personajes

Como ya expliqué en el post anterior, la creación de personajes es primordial a la hora de darle vida a un montaje teatral. No me extenderé en la necesidad de este punto, pero si ahondaré un poco en diferentes ejercicios a la hora de conseguir nuestro objetivo. La forma de caminar es importante, la composición física de tu personaje, en definitiva. Cómo se mueve en cada escena, cómo se sienta, cómo utiliza los objetos a su alrededor. Cómo interactúa con cada uno de sus partenaires en cada escena de la obra. Al final, lo que hacemos es conseguir naturalizar un ente, otorgándole las mismas acciones que realizamos nosotros mismos día a día.  Pero debemos evitar en todo momento otorgarle nuestros gestos, nuestros movimientos, nuestro ser… Obviar todo lo que ofrezca un atisbo de nuestra propia personalidad. Al fin y al cabo, el personaje debe diferenciarse de nosotros, lo suficiente como para que nadie nos reconozca. Nuestros tics deben desaparecer y tenemos que hacer aparecer otros nuevos, acordes a la personalidad del personaje.

La voz

Cierto es que, si lees esto y no conoces mucho este mundo, te preguntarás que cómo es posible que variemos la voz. Pues se puede. Tú mismo seguro que lo has hecho cuando imitas a alguien… La única diferencia es que, en nuestro trabajo, hay que educar nuestras cuerdas vocales para soportar esas variaciones durante todo el espectáculo. Este trabajo es muy importante y necesario, puesto que una mala colocación del diafragma, podría provocar daños irreversibles en nuestras cuerdas vocales. Cada respiración, cada suspiro, cada grito, aunque no lo parezca, está estudiado para mantener a salvo la voz del actor. Y es un trabajo delicado, minucioso y, sobre todo, muy técnico. Aunque a oídos del espectador, suene tan normal como la vida misma.

El espacio escénico

A la hora de realizar un montaje hay que tener conciencia del espacio en el que nos movemos. Existen infinidad de estilos teatrales, desde el realismo, en el que el espectador observará cada objeto en su forma real (una silla, un vaso, una espada…) hasta el teatro más surrealista o experimental en el que el espacio vive en la mente del artista y nada es lo que parece (o incluso a veces es invisible). Dependiendo del estilo de obra, el actor debe conocer el espacio en el que va a actuar, las delimitaciones, los pros y los contras de su cuadro escénico.

El calentamiento y la concentración

Antes de comenzar los ensayos (o las actuaciones ante el público) es primordial efectuar un calentamiento, tanto corporal, vocal y espiritual. ¿Espiritual? Bueno, quizás no es la palabra más acertada, lo sé. Pero existe la necesidad en muchos actores, de abstraerse en sí mismos, de evadirse de lo que les rodea, no escuchar a los compañeros, no pertenecer al entorno, para prepararse para lo que se avecina. No deja de ser una forma de relajación o de concentración. Como ya sabes, cada persona es un mundo y cada mundo es diferente. Hay actores que necesitan repetir su texto una y otra vez hasta que el telón se abre; otros necesitan oír música que les prepare mentalmente; hay quien utiliza el humor para calmar los nervios y hay quien no soporta oír a nadie antes de salir a escena. Tantas variantes como granos de arena tiene el desierto. El calentamiento corporal y vocal, obviamente debe hacerse antes que el público esté en la sala… No existe nada más poco profesional que sentarse a esperar que comience la función y escuchar ruidos tras el telón…

El texto

Desde mi punto de vista como actor, uno de los puntos más necesarios a la hora de comenzar los ensayos, es el texto. Y no me refiero al hecho obvio de conocer la obra y haber leído el texto. Hablo de la memorización del texto. Desde mi humilde opinión, es el trabajo más duro para el actor, siempre que hablamos de un personaje que tenga mucha participación en la pieza teatral. Es un ejercicio en el que la memoria es parte fundamental, porque no solo has de recordar todo lo que tu personaje dice, sino que debes darle credibilidad a todas sus palabras. Y si el texto no está afianzado en tu memoria, difícilmente podrás naturalizarlo y darle vida.

Los movimientos

Marcados por el/la director/a, van dándole forma al montaje teatral. Lo primero que se marcan son los movimientos básicos en escena de cada personaje. Hacia dónde se mueven, con qué objetos interactúan… es decir, se van colocando las piezas del ajedrez y cada figura se va moviendo en función de las necesidades de la obra y la visión del director/a. Todo este trabajo del director, ayuda a remarcar la memorización del texto, al marcar en qué zonas y en qué momentos se ha de declamar cada frase.

Las intenciones

Cuando los movimientos y la memorización del texto ya están totalmente afianzados, es el momento de trabajar las intenciones. ¿A qué me refiero con esto? La intencionalidad con la que se pronuncia cada frase, el sentido de cada palabra, de cada monólogo. Realzar el por qué de todo el texto que pronunciamos para darle vida a la historia. Uno de los problemas más comunes a la hora de realizar el montaje es tratar de mezclar memorización de texto, movimientos e intenciones todo a la misma vez. Los actores y las actrices no son robots y necesitan procesar en orden todo el trabajo que tienen por delante.

El vestuario

Esta parte de los ensayos, suele ser importante en función del tipo de vestuario que tenga el montaje teatral. Normalmente, el ensayo con vestuario suele hacerse muy cerca del estreno, a veces en el ensayo general o el ensayo anterior al general. A no ser que exista algún tipo de dificultad a la hora de llevar el vestuario, no suele ser muy necesario trabajar con él.

Importante

Si no conoces el mundo del teatro por dentro, solo quiero decirte que este post es algo genérico; es decir, no todos los ensayos son iguales, puesto que cada actor es un mundo, cada director tiene su propia metodología de trabajo y cada compañía teatral trabaja con sus rutinas. Siempre te hablo acerca de mi experiencia profesional y sobre todo personal. Al final, para llevar a cabo un montaje teatral, todos los puntos anteriores son importantes y necesarios, aunque haya quien les dé más o menos importancia. Pero a grandes rasgos, ya has conocido un poquito los entresijos de todo lo que existe tras el espectáculo que alguna vez hayas visto en un teatro.

Espero que te haya gustado este pequeño análisis del trabajo a puerta cerrada de los actores y actrices antes de estrenar una obra teatral. No olvides darle a “me gusta”, comparte el artículo y comenta lo que quieras… Me gustará conocer tu opinión. ¿Habías analizado alguna vez todo lo que se cuece tras una obra teatral?


AVENTURAS EN LA GRAN CIUDAD (o los goonies en Chicago)

Aventuras en la gran ciudad (1987)


Dirección: Chris Columbus

Reparto: Elisabeth Shue, Maia brewton, Keith Coogan, Anthony Rapp, Penelope Ann Miller y Ron Canada

SINOPSIS

Chris Parker es una joven universitaria que ve frustrado su plan de quedar con su novio, cuando este lo cancela sin avisar. Deprimida, decide ir a cuidar a Sara, la hija pequeña de unos amigos de sus padres. El hermano mayor de Sara, Brad, está enamorado de Chris en secreto. Cuando la mejor amiga de Chris, Brenda, llama a casa de los chicos pidiendo ayuda porque se ha escapado de casa, comienza un enredo a través de la ciudad de Chicago. El mejor amigo de Brad se une a este variopinto grupo en una comedia alocada y peligrosa.

OPINIÓN PERSONAL DE “AVENTURAS EN LA GRAN CIUDAD”

El cine de los ochenta es inolvidable. Puedes ser fanático del cine de esa década porque esté de moda, puesto que a lo mejor eres más joven que yo. Pero para la gente que vivió aquella época, esas películas, salvando su mayor o menor calidad, tienen una magia inexplicable.

Tras el increíble éxito de “Los Goonies” dos años antes, el señor Chris Columbus decidió realizar una película muy al estilo de este taquillazo, pero en una gran ciudad como Chicago. La premisa parte de un inicio similar: jóvenes necesitan ir a buscar algo (el tesoro de Willy el tuerto o la amiga de Chris en apuros) y camino a su objetivo, la cosa se complica sucediéndose así una serie de situaciones a cada cual más retorcida y divertida.

Conste que no estoy comparando las películas, pero como enamorado del cine de los ochenta (hartito estaba de ir al videoclub a por los VHS de turno, una y otra vez), me encantaban este tipo de historias de aventuras. Estamos ante una comedia sencilla, sin trasfondo extremadamente rebuscado. Solo la idea de pasar un buen rato de diversión sin lecturas enrevesadas ni mensajes trascendentales.

No es una película que provoque intensas carcajadas, sino leves sonrisas. Y ahí está el equilibrio de esta película. Dentro de la extensa cantidad de situaciones disparatadas, subyace una  realidad acerca de lo que sucede, puesto que no extrapolan la historia como harán más adelante películas del estilo  “Scary movie”.

El paso de los años para una de mis actrices favoritas de antaño, Elisabeth Shue, ha sido muy prolífico. Tras darse a conocer en Karate Kid en 1984 protagonizó Link (de la que ya hablé en este blog) y después protagonizó esta divertida comedia. Es cierto que no ha sido una de esas actrices con grandes producciones a sus espaldas (aunque consiguió el Oscar por la maravillosa “Leaving Las Vegas”), pero a mí sigue enamorándome con cada trabajo que hace. Los tres niños al cuidado de Elisabeth resultan divertidos y compactan con ella, creando un grupo en apuros muy bien conectado entre sí.

Uno de los mejores momentos de la película es sin duda alguna el blues que se marcan los chicos en un club lleno de gente de color (donde ellos son los diferentes, no olvidemos que eran los ochenta y este tipo de sitios eran pequeños guetos), sin olvidar el gatito que Brenda encuentra en la estación de autobuses. El viaje en metro, la fiesta de los Anderson, la visita al restaurante… Es que existen tantísimos momentos divertidos en este film, que no deja lugar al respiro. Las situaciones se suceden sin descanso para los protagonistas, y por ende, para el espectador. No hay momento para el aburrimiento, porque todo lo que viven estos jóvenes, solo sucede en una noche. ¡Y vaya noche!

Como nota informativa, en 2016 Disney realizó un remake de esta película titulada “Canguros en apuros”, que dista bastante aunque la historia sea muy similar. Obviamente, el regusto Disney (que yo adoro) se nota, dándole  su toque infantil y a veces extremadamente inocente.

Y es que este tipo de películas, y es mi humilde opinión como siempre, demuestra que no es necesario el uso de bromas escatológicas o comentarios vulgares, tan de moda durante la década de los 2000. Que tampoco desmerezco comedias que usan ese tipo de humor, pero me resulta interesante marcar esa diferencia.

Así que si no conoces esta película y te apetece pasar un rato divertido a ritmo de blues sin complicaciones, te invito a que la veas y dejes en comentarios tu impresión acerca de “Aventuras en la gran ciudad”. ¡Que vivan los ochenta!


TRUE BLOOD (SANGRE FRESCA)

Opinión personal de True Blood

True Blood (Sangre fresca) (2008)


Creación: Alan Ball

Reparto: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Alexander Skarsgård, Chris Bauer, Nelsan Ellis, Jim Parrack, Carrie Preston, Kristin Bauer van Straten,  Joe Manganiello, Deborah Ann Woll

Temporadas: 7

Episodios: 80

SINOPSIS

Sookie Stackhouse es una camarera que trabaja en el bar de su amigo Sam Merlotte en la pequeña localidad de Bon Temps, en Louisiana. Es una época en la que humanos y vampiros comparten su existencia en “armonía”. Sookie conocerá al nuevo habitante de Bon Temps, Bill Compton, un vampiro de más de 100 años y su vida dará un giro, arrastrando con ella a toda la gente que le rodea.

OPINIÓN PERSONAL DE “TRUE BLOOD”

Yo y mi pasión por los vampiros… Si es que no lo puedo evitar. Tras revisionar “Buffy cazavampiros”, decidí volver a visitar el mundo vampírico con otra serie que me apasiona. Si no la has visto, he de confesar que True Blood es una experiencia absolutamente catártica a nivel sensorial y sensual. Rezuma sexualidad, erotismo y sangre a partes iguales.

Esta serie de HBO está basada en los libros de Sookie Stackhouse creados por la escritora Charlaine Harris. Hace dos años que una sangre artificial llamada Tru Blood se comercializa para satisfacer la sed de los vampiros, y gracias a ella, los chupasangres han salido de sus ataúdes mezclándose con los humanos e interactuando con ellos; hasta tal punto, que tienen sus derechos y sus deberes como los humanos. Con la llegada del vampiro Bill Compton a la ciudad da comienzo esta serie.

Debo puntualizar, antes de entrar en materia, que el hecho de que te guste una serie como “Buffy cazavampiros”, no implica que “True Blood” te vaya a gustar, puesto que son completamente diferentes dentro del mismo universo de los vampiros. Mientras que la primera juega en la liga soft adolescente, como hacía su partenaire de la época “Embrujadas” en el mundo de las brujas, la serie de la que te hablo hoy es de todo menos dulce e inocente.

En esta serie, los vampiros son malos, sí. Obvio. Pero son eróticamente malos. Son sexualmente apasionados, violentamente psicópatas y mortalmente adictivos. Poseen una atracción que traspasa la pantalla. El vocabulario no es precisamente para un Disney Channel y sus escenas eróticas tampoco. Y creo que esa es la baza con la que juega y gana esta serie. Porque enseña la sensualidad y erotismo del que siempre han presumido todos los escritos acerca de vampiros, pero nadie había mostrado nunca. Y sorprende mucho ver todo eso. Y gusta, para qué engañarse…

La serie hila cada final de temporada con el comienzo de la siguiente, colocando al espectador en el momento exacto en que terminó la temporada anterior. Aquí no hay lugar para momentos tragicómicos. Los diálogos en su mayoría son duros, directos y van a lo que interesa. No existen los rodeos en True Blood. No giran incesantemente en subtramas sin sentido. Lo que ocurre alrededor de Sookie, le afecte directa o indirectamente, ocurre en función del avance de la historia. Y eso es de agradecer. No existe algo que me desespere más que el relleno a base de empujones (hola “The walking dead”… sabes por donde voy ¿no?). En True Blood las historias comienzan y terminan cerrando todos los círculos. No dejan cabos sueltos y cada personaje llega a su destino (bueno o malo) en el final de la serie.

Bon Temps, anteriormente un pueblecito tranquilo, tiene de todo. Vampiros y hombres lobo (eternos rivales como en casi todas estas historias) aparecen en escena. Pero hay teriántropos, hadas, ménades, hombres pantera, espíritus, brujas… Vamos, para no aburrirse. Solo faltaban los muertos vivientes recorriendo las calles para rematar la historia… Pero estos últimos no hacen su aparición, por si los esperas en algún episodio. Aun así, el disfrute visual está asegurado durante sus siete temporadas, que si bien son las mismas que Buffy, poseen casi la mitad de episodios que esta (80 frente a los 144 de la cazavampiros).

Tengo que decir que el personaje de Anna Paquin fue con el que más me costó llegar a conectar. No puedo decir si es por la actriz que la interpreta o por las características del personaje creado por Charlaine. En algunos momentos desesperante, pero en conjunto aceptable. Bill Compton (Stephen Moyer) es su vampiro y aunque le pese a la autora (puesto que no he leído los libros), Eric Northman (Alexander Skarsgård) se lo come con patatas. El antagonista de Bill Compton (que no el malo de la serie) posee un magnetismo que no deja a nadie indiferente. Sus diálogos mordaces e irónicos, su mirada penetrante y sus casi dos metros de altura ensombrecen el personaje de Bill. Obviamente hablo de mi apreciación personal. El elenco resuelve bien su cometido, siendo creíbles en todos los aspectos, volviéndose cercanos al espectador con facilidad. Sus destinos te harán soltar alguna que otra lagrimita, pero también eso dota de humanidad a la serie, que rezuma oscuridad por todos los poros.

Aunque el final de la serie no es uno de mis favoritos, he de reconocer que me satisfizo lo suficiente como para dejarme un buen sabor de boca y querer volver a verla más adelante.

¿A que te apetece un poco de “Sangre fresca?

Comparte y opina acerca de esta serie, si la has visto, si te gustó como a mí… ¡Hasta la próxima!