OCULUS, EL ESPEJO DEL MAL (o espejito, espejito…)

Oculus, el espejo del mal(2013)


Dirección: Mike Flanagan

Reparto: Karen Gillan, Brenton Thwaites, Katee Sackhoff, Rory Cochrane, Annalise Basso, Garrett Ryan, Catherine Parker, Kate Siegel

SINOPSIS

Un asesinato que dejó huérfanos a dos hermanos once años atrás, marcó la vida de ambos. El hermano pequeño fue el acusado de los asesinatos y encerrado en un correccional de menores. La hermana nunca creyó que su hermano hiciera todo aquello y defendió que fue un espejo que había en la casa el culpable de aquella desgracia. En la actualidad, cuando el hermano recién cumplidos los 21 años sale en libertad, se reencuentra con su hermana que le está esperando para poder demostrar que el espejo sigue maldito.

OPINIÓN PERSONAL DE «OCULUS, EL ESPEJO DEL MAL»

Cuando te hablé de “Somnia” hace unas semanas, te nombré esta película, creyendo que ya te había hablado de ella. Pero no fue por aquí, sino en un video de YouTube en los que hablaba acerca de mis películas favoritas. Así que repasando todos mis post, confirmé que no he hecho reseña de “Oculus”. Así que aquí va. Porque es una de mis películas de terror favoritas.

No te voy a volver a hablar de este director, ya que puedes leer un poquito en mi artículo sobre “Somnia”, así que iré directo al grano en cuanto a mi sensación ante este filme. Con un argumento francamente interesante, Mike Flanagan nos ofrece una historia de terror y suspense que entremezcla el presente y el pasado, primero de una forma muy sutil y en todo sentido, lógica, para poco a poco ir fusionando ambos espacios temporales. Mientras todo lo ocurrido se entremezcla confusamente con el presente que viven los hermanos en la antigua casa familiar ahora vacía (a excepción del espejo), el espectador comienza un viaje descontrolado hacia lo desconocido.

Y es que lo que más me atrae de esta película es que nada es lo que parece. Existe un momento en el que ya no eres capaz de distinguir lo que es real de lo que son imaginaciones, recuerdos o simplemente locura. Eso es lo que creo que te mantiene pegado a tu asiento sin poder apartar la mirada de cada fotograma. La condensación de información difusa, para que nadie, a excepción de los protagonistas (que lo vivieron en primera persona) sepan lo que ocurrió once años atrás. Y el director camina con la historia para descubrir de un plumazo, tanto el final de lo que ocurrió en el pasado, como lo que va a ocurrir en el presente. Que por cierto, el final de esta película tiene un giro brutal. Como pocos he visto. Un diez para el guionista.

Los protagonistas realizan un gran trabajo interpretativo, tanto los hermanos en edad adulta, como en su etapa más infantil. Obviamente, las escenas más violentas y terroríficas les ocurren a los hermanos cuando son pequeños, pero el director y los propios actores y actrices han sabido crear una simbiosis entre ambos para que todo ese miedo infantil se vea reflejado en la edad adulta. La madre realiza una muy buen recreación de una mujer (falsamente) engañada por su marido, y cómo el espejo va transformando toda su realidad, difuminándola con la locura de su marido. Marido que por cierto, también resulta ser un personaje escalofriante, con ese descenso directo a los infiernos.

El trabajo de fotografía me ha resultado espectacular. Los juegos de luces y sombras son magníficos, apoyando de una manera muy especial todas las visiones, espectros y miedos que afrontan los protagonistas. Las bombillas, las linternas, todo tiene un efectismo que aporta peso a la historia, ofreciéndole sobriedad, empaque y seriedad. Se nota que el director disfruta de lo que hace, y que lo hace con mimo. Tratando de no dejar que el espectador se relaje ni un segundo, porque incluso los momentos más dramáticos, que se aprovechan para distender los cuerpos ante la tensión, están preparando nuevas situaciones más terroríficas.

Porque llega un momento que realmente nada parece tener sentido, pero sí que lo tiene. Pero es cuestión del espectador, el decidir cual es el sentido que quiere creer. La verdad de la hermana o la verdad del hermano. O la verdad del espejo… quién sabe.

Todo se entremezcla, todo se fusiona. Para volver locos a los protagonistas o para acabar con ellos. Poco importa. Los sobresaltos demuestran el buen hacer del director y las escenas más truculentas están trabajadas al detalle, que aunque no son excesivas, si son las suficientes como cargar la historia de ese terror que a amantes de este género como yo, nos gusta.

¿Te gustan las películas de terror? ¿Conocías esta historia? Déjame tu comentario más abajo.

¡Feliz semana y nos vemos el domingo!


IT’S A SIN

It’s a sin (2021)


Creación: Russell T. Davies y Peter Hoar

Reparto: Olly Alexander, Omari Douglas, Callum Scott Howells, Lydia West, Nathaniel Curtis, Shaniqua Okwok, Toto Bruin, David Carlyle, Stephen Fry, Neil Patrick Harris

Temporadas: 1

Episodios: 5

SINOPSIS

Un grupo de amigos que comparten piso en Londres en los ochenta, viven la aparición de una nueva enfermedad proveniente de EEUU y que está matando a una gran parte del colectivo homosexual. Apodado como un “nuevo cáncer gay”, se abre paso en Londres, donde todos ellos tratan de lidiar con el miedo a contagiarse y por consiguiente, a morir.

OPINIÓN PERSONAL DE «IT’S A SIN»

Volvemos a recordar los ochenta gracias a esta serie del año 2021. Lamentablemente, esto no es Stranger things o cualquier comedia al uso. Esta serie es un drama real que asoló al planeta durante la década de los ochenta. Vuelvo a ver la visión del Sida desde una nueva perspectiva. Como ya te conté en «Compañeros inseparables», fue una época convulsa en la que un nuevo cáncer gay apareció de repente y se llevó por delante a miles de homosexuales. Russell T. Davies vuelve a sumergirnos en el mundo gay como ya hizo con “Queer as folk” en su versión inglesa en 1999, así como su nueva versión en 2022.

Es una serie británica y esa solemnidad de narración, filmación e interpretación se nota. La música le aporta ese toque que necesita la historia para hacernos partícipes de aquella época. Las actuaciones son bastante buenas y se solidifican con un guion que ofrece algunos parlamentos tan intensos como duros y crueles. Sobre todo en el último episodio. Obviamente, la serie es un crescendo que culmina con un episodio final para el recuerdo. Pero no desmerece todo el recorrido que hacen los protagonistas durante el resto de capítulos. El camino está filmado de forma realista, sincera y directa. No se anda por las ramas. Por lo que todo lo que ocurre tiene un por qué, tiene su momento y nada sobra.

Sabes que no te voy a hacer spoilers porque no es mi intención, pero sí te contaré que he llorado bastante con esta serie. Sí, soy de llorar, pero creo que la historia está filmada de una manera tan respetuosa, tan visceral y tan real, que es imposible no empatizar con todo lo que aquellas personas tuvieron que sufrir.

Al igual que la película de «Compañeros inseparables», la serie abarca prácticamente la década de los ochenta al completo. Desde mi punto de vista, me ha parecido una ampliación de la película del 89. El grueso de la historia es el mismo, la aparición del SIDA en Estados Unidos y su propagación por el mundo hasta llegar a Inglaterra y atacar a Ritchie y su entorno. La desinformación, el desconocimiento, el miedo. Los contagios, la enfermedad, la muerte.

Ya desde el episodio uno, la enfermedad hace su aparición tras conocer a los personajes principales: su origen, su huida de la realidad que los asfixia y su llegada a la ciudad. Y el SIDA llega con ellos para destrozar esas nuevas vidas llenas de libertad que están comenzando a vivir los protagonistas. No es una serie que juegue en el límite más lacrimógeno para provocar esa sensación de tristeza por todo lo que ocurrió. Es más, se bandea más por la incredulidad de sus personajes ante todo lo que está aconteciendo. La necesidad de continuar viviendo con todo lo que les rodea, tratando de aceptar que esa nueva realidad es una lotería para todos ellos. Y es ese realismo ante lo que ocurrió lo que hace que esta serie te toque el corazón. Fallecieron muchísimos, y esta serie no obvia jugar al “tú la llevas” con algunos de sus personajes. Y el hecho de tratarse de una serie y no una película, permite al director y al guionista ahondar mucho más en la psicología de cada uno de los personajes. ¿Y qué implica eso? Que se les coge cariño. A todos. Porque al final, esa fue la realidad de muchos.

En definitiva, me ha resultado una serie fácil de ver (debido a su corta duración) aunque dura en su mensaje y su historia. Muy interesante que se recuerde aquella época tan desgarradora para el colectivo, sobre todo a día de hoy que la libertad sexual está tan en boga. Seguridad ante todo, queridos.

¡Nos vemos la semana que viene!


SMILEY

Smiley (2022)


Creación: Guillem Clua

Reparto: Carlos Cuevas, Miki Esparbé, Pepón Nieto, Meritxell Calvo, Giannina Fruttero, Eduardo Lloveras, Ramon Pujol, Carles Sanjaime, Amparo Fernández, Cedrick Mugisha, Pep Munné, Ruth Llopis, Brian McGovern, Carlos Noriega, Yasmina Drissi, Ann Perelló, María Isabel Díaz

Temporadas: 1

Episodios: 8

SINOPSIS

La historia nos cuenta cómo una equivocación a la hora de enviar un mensaje, une las vidas de dos chicos totalmente opuestos, Alex y Bruno. Sus personalidades chocan desde el primer momento, pero eso no hace que una extraña atracción nazca entre ellos. Sus amigos son testigos de cómo los polos opuestos sí se pueden atraer y explotar como un geiser.

OPINIÓN PERSONAL DE «SMILEY»

¡Feliz entrada de año! Espero que te hayas comido todas las uvas. Este año que entra será especial y qué mejor manera que comenzar con una serie que Netflix estrenó a finales del año que nos ha dejado. Una propuesta fresca, divertida y muy humana. Estamos ante una obra de teatro llevada al cine (en este caso, convertida en serie) y alargada en ocho capítulos de media hora aproximadamente cada uno. Una comedia ligera que nos muestra que las apariencias engañan, que no todo es lo que parece y que juzgar sin saber, es el peor de los errores que podemos cometer. Y juzgar sabiendo, pues también, ya que estamos. Que cada uno se juzgue a sí mismo y con eso ya va más que sobrado.

Obviamente, para gustos los colores. A mí me ha parecido una serie preciosa. Ya te comenté cuando hablé de “Todo lo otro”, “Luimelia” o “Ser o no ser” (y bastantes más series y películas), lo necesario y maravilloso que me parece que todas estas historias vayan teniendo cabida en la parrilla televisiva. Historias reales que merecen ser contadas. Y con las que el colectivo nos podemos sentir identificados con mayor fuerza. Porque, ¿quién no ha sido un Alex, o un Bruno? O un Ramón, una Vero… Cualquiera de ellos. La vida de todos los personajes nos ofrece situaciones cotidianas del colectivo. Y puede que te sientas identificado o no, pero el espectro es tan amplio como el del mundo heterosexual. Y aunque se observan situaciones que a muchos puede chocarles, esta serie, mucho más intimista que por ejemplo “Queer as folk”, nos muestra que no existe diferencia humana entre personas con preferencias sexuales diferentes. Y eso es lo que me encanta de esta nueva ola de series y películas. La normalización de lo normal. Como debe ser.

Los personajes aparecen muy bien delineados, y los ubicas desde el minuto uno. Todos ellos tienen algo que contar en mayor o menor medida. Y todos ofrecen un espejo de muchas realidades que existen, con la mayor naturalidad, una gran sinceridad y buena maestría actoral. Ninguno me ha sacado de contexto, he de reconocerlo. Y también debo decir, que Ramón me ha encantado, quizás por verme reflejado en muchos momentos de mi pasado (spoiler personal, jejeje).

Como no todo me puede parecer perfecto, sí he de reconocer que me ha chirriado un poco el tema de la neutralización de género del hijo pequeño de Nuria y Albert. Puede que trate de ser una ligera crítica hacia todos estos nuevos géneros que ayudan a que cada ser humano se encuentre a sí mismo, pero me resultó forzado y poco creíble. Por lo demás, obvio el que entre ellos hablen en catalán, porque no me parece extraño (en el país vasco, hay gente que entre ellos hablan en euskera y luego se comunican en castellano). Al final son costumbres y no hacen que me desligue de la historia.

Por internet anda pululando una de las partes más bonitas y a la vez más tristes de la serie. El monólogo de la cerveza. Si no has visto la serie y quieres hacerlo, trata de no ver ese fragmento que viaja por la red. Es un spoiler en toda regla. Y precioso, también he de decirlo.

Parece haber tenido una buena acogida, aunque con Netflix nunca se sabe. Aun así, si la serie se queda en esta única temporada, todo queda resuelto, atado y con un final. Para mí es lo bueno de una serie que no juega en la baza del thriller o las aventuras. En ese tipo de series, el cliffhanger suele ser necesario para preparar una nueva temporada. Pero en una serie romántica, cómica o simplemente con historias humanas sobre todo, cerrar el círculo por lo que pueda pasar, es algo que me gusta.  

Así que para terminar, tengo que recomendarte esta serie porque seguimos dando pasitos (cada vez más fuertes y seguros) hacia esa increíble zona en la que somos capaces de crear bellas historias entre gente no heterosexual y conseguir mostrar la realidad: todos sentimos igual, todos amamos y todos sufrimos. Todos buscamos el amor y todos nos lo merecemos.

¡Nos vemos la semana que viene!


QUERERSE A UNO MISMO II

Solo hay que desnudar el alma y aceptarla

QUERERSE MENTALMENTE. No valorar nada de lo que hacemos, nada de lo que conseguimos, nada por lo que luchamos. Dejar que la opinión de los demás sea la que ensalce tus triunfos es uno de los errores más grandes que podemos cometer. Porque el resto del mundo no gira en torno a ti, lo que quiere decir, que llegarán momentos en los que no haya nadie alrededor para decirte que lo que has hecho está bien o mal. Y eso te va a crear una sensación de abandono, de fracaso, porque no has aprendido a auto valorarte a ti mismo. Nadie te ha enseñado que creer en ti mismo y en lo que haces, es una de las sensaciones más placenteras que existen.

Cuando publiqué mi primera novela “Suicidio del 97”, todas las críticas que me hicieron fueron buenas; prácticamente todas. Había blogueras que hablaban en su IG acerca de mi libro y lo recomendaban. Eso me hacía feliz. La gente contestaba dando las gracias por dar a conocer a un nuevo autor, etc… En el momento que leía a alguien que decía que “no le llamaba nada la atención la historia”, mi mente se aferraba a ese mensaje (perdido entre muchos positivos) y lo colocaba en la vitrina de mis fracasos. Era mal escritor. No tenía la valía suficiente. Era el mensaje que primaba sobre el resto. Con las obras de teatro que escribí o protagonicé, ocurría lo mismo. Cualquier crítica positiva quedaba anulada por un comentario negativo. No sabía equilibrar las opiniones de los demás. No era capaz de entender que no le puedes gustar a todo el mundo. Mi mente prefería decidir que no eran opiniones. Eran sentencias. Y las negativas eran las primordiales.

QUERERSE FÍSICAMENTE. Llegamos a un punto bastante delicado para muchísima gente. El no aceptar su físico. Es decir, no gustarle la fachada que la gente ve de ellos. Yo era uno de esos. Obviamente, en la autoestima entran muchos factores; prácticamente todos. Y el físico no se puede dejar atrás. Era realista cuando me hablaba a mí mismo; no te gusta tu cuerpo, vale. Te lo compro. Lo entiendo. Uno de los aspectos de mi físico, claramente era mi peso y mi musculatura. Sobre todo al llegar el verano, todos los cuerpos definidos me llamaban mucho la atención. La pregunta era la siguiente: ¿tienes la fuerza de voluntad para ir al gimnasio y trabajar en conseguir un cuerpo así? La respuesta era sencilla y sincera. No. No me gusta ir al gimnasio y en aquel momento no iba a ir a hacer algo que me hiciera infeliz. Entonces, si no vas a trabajar en mejorar, acepta que lo que tienes está bien. Los habrá mejores, peores. Pero siempre tendemos a compararnos. Y qué casualidad que lo hacemos con alguien que se acerca a nuestras expectativas. Nunca a la inversa. Que tampoco es la solución, que conste.

Comparaciones son odiosas y ese dicho popular es tan real como la vida misma. Lo que no puedes o no quieres cambiar conforma quien eres. Y no está mal. Es hermoso. Para ti debe ser hermoso. Lo que piense el resto, poco importa. Porque probablemente, cualquiera de tus referentes de lo que te gustaría llegar a ser, poseen otros miedos y carencias de las que tú tienes de sobra. No trates de ser como nadie. Sé tú mismo. No hay nada más bello.

¿Te gustaría tener más músculo? ¿Más pelo? ¿Tener más altura? La respuesta es más sencilla de lo que parece. ¿Puedes cambiarlo? Cámbialo. ¿No puedes cambiarlo? Acéptalo. Si te gustaría tener más pelo, porque te estás quedando calvo, lucha por conseguir mejorar algo que puedes cambiar. Trabaja cada día por llegar a ese objetivo. Si tienes los ojos negros y te gustaría tenerlos azules, lo siento. Eso no se puede cambiar. Pero es igual de bello, porque forma parte de ti, de tu forma de mirar cuando sonríes, de tu mirada cuando lloras… Eres tú.

Podrías tener menos barriga, los labios más gruesos, la barba más tupida, los pies más bonitos… Sí, que sí. Pero no tienes nada de eso. Eres tan especial porque todo tu conjunto ha creado a esa maravillosa persona que eres. Con sus virtudes y sus defectos. Solo tienes que convertir los defectos físicos en tus mejores virtudes. Amar la imperfección, porque eso es lo que nos convierte en seres especiales y únicos. No tienes lo que deseas, pero si lo tuvieras, quizás te faltaría algo más. Y algo más, y más y más… es un círculo vicioso que no sirve para nada.

EL CAMBIO. Llegó un momento en el que descubrí que la persona que veía frente al espejo no era la misma persona que veía meses atrás. Era el mismo rostro, obvio, pero la percepción de lo que era mi reflejo había cambiado. Y era porque mis ojos veían a alguien a quien sí aceptaban tal y como era. Y les gustaba lo que veían. Porque quererse a uno mismo es el inicio de poder querer al resto. En paz con nuestro interior. Amando cada esquina y cada poro de uno mismo. Yo tardé meses en entenderlo y abrazar aquella sensación. Y te digo que es maravillosa.

Otra de las cosas que he aprendido es a valorar todos y cada uno de mis trabajos. A día de hoy, me encanta ver los videos de todo lo que he hecho, me gusta oírme y analizar positivamente el cómo mejorar ciertas cosas. Me encanta escribir y me apasiona lo que consigo transmitir con mis textos. Veo cada cosa que sale de mis dedos en el teclado y sé que merece la pena. Porque está hecho desde el corazón. ¿Qué no soy el mejor escritor? Puede, pero soy muy bueno. ¿Qué no soy el mejor actor del mundo? Puede, pero soy muy bueno. Porque he aprendido que remuevo el corazón de la gente que me ve, que me lee… Todo es mejorable, es cierto, pero lo que hay es muy bueno. Ahora me lo creo, ahora me quiero.

Ahora sé que lo que opinen los demás es secundario. Porque la opinión de los demás es importante, pero no determinante. Como te veas tú es como te verá el resto.

Y hasta aquí este post dividido. Espero que no te haya aburrido en demasía. Pero al final, me permito de vez en cuando estas licencias, porque me las merezco.

Quiérete mucho, ama lo que haces, deja atrás los miedos y lucha por ser la mejor versión de ti mismo.

¡Nos vemos en el 2023! ¡Entra con la cabeza bien alta en el nuevo año!

QUERERSE A UNO MISMO

Solo hay que desnudar el alma y aceptarla

Hoy me he levantado consejero. Existen muchos días en los que me apetece expresarle al mundo cómo me siento. Suele pasarle a todo el mundo, no me considero especial por ello. Pero ya que tengo este blog para contarte muchísimas cosas acerca de mis gustos, mis trabajos o mis pensamientos, aquí viene una ración de lo último. Hoy me voy a desnudar de una forma bastante diferente a lo que suelo contar en mi blog personal, pero así me siento hoy y me apetece que me conozcas un poquito más. Probablemente tenga que dividir este post en dos partes, para que no sea demasiado largo.

Quiero dejarte claro antes de que sigas leyendo, que no soy psicólogo, y que aunque todo lo que te voy a contar es una experiencia personal, creo que se puede aplicar a cualquiera que desee intentarlo. Puede que te funcione o puede que no, pero al final, mi experiencia con todo esto ha sido positiva. Así que, ¿por qué no compartirla?

Siempre he sido una persona alegre, divertida, con ganas de hacer reír a los demás, no excesivamente cariñoso a nivel táctil (no soy de abrazos ni besos en exceso), pero sí a nivel emocional. Me he considerado una buena persona, nada vengativo ni rencoroso. Difícil de hacer enfadar y muy sentimental y enamoradizo. Pues todo eso, aunque sigue siendo verdad a día de hoy, no había sido más que una fachada durante prácticamente toda mi vida. Una máscara creada para ocultar mi realidad.

Como sabes, soy actor y escritor. Tras un parón laboral en el tema teatral, volví a subirme a un escenario en el 2020, meses antes de la pandemia. Fueron meses de duro trabajo, intentando demostrar a los demás que todavía era capaz de ser un personaje sobre la escena. Que era capaz de hacer sentir a los espectadores lo mismo que mi personaje sentía. Debía hacerlo, porque era lo que quería. Ese año, trabajé en tres espectáculos diferentes que se estrenaron uno detrás de otro. Tres historias completamente diferentes las unas de las otras. Ensayaba de lunes a viernes desde las cuatro hasta las diez. Una tras otra. Era mi sueño, volver a subirme a un escenario. Y lo hice. Y lo disfruté. Pero no era feliz. Trataba de aceptar todos los elogios. Igual que cuando publiqué mi primera novela. Trataba de asumir aquellas buenas críticas, pero nunca me las creía. Sentía que eran comentarios hechos por lástima a aquel chico al que nadie dice nada. Y me creí todo aquello. Y lo hice mi realidad absoluta. Como había hecho toda mi vida.

Descubrí que no era capaz de ver los videos de mis espectáculos o de mis entrevistas, no porque fuera demasiado crítico conmigo mismo, sino porque la persona que veía en aquella pantalla me desagradaba. No me gustaba quién era, cómo sonaba mi voz. Ese conjunto, aunque suene duro, me repugnaba. Dejé de mirarme al espejo, porque no me gustaba lo que veía. Me afeitaba mirando directamente mi barba, sin mirarme a los ojos. Llegó un momento en mi vida en el que no me gustaba nada de mí. Pero no lo sabía. Era otra rutina que había creado a mi alrededor. No pararme a pensar en mí. Ni en lo que sentía por mí. Vivir con ese desapego a mi cuerpo y esconderlo tras risas, bromas y payasadas. El payaso de turno, como siempre.

No lo llegué a entender hasta que me senté en una consulta con un psicólogo que rascó en mí, para descubrir que nunca me había querido a mí mismo. Esa fachada de chico divertido, era la máscara que había fabricado durante tanto tiempo, porque yo sentía que no valía para otra cosa. Solo podía ser el payaso del grupo. Feo, a veces gordo, a veces delgado, con voz aguda, nariz aguileña… Cualquier crítica era válida, para demostrarme a mí mismo que nunca podría aspirar a ser nada más que no fuera el bufón de un reino que me había anulado completamente. Un reino que yo mismo había fabricado a mi alrededor, donde todo el mundo era mejor que yo. Yo era el peor actor, el más feo, el peor escritor, un mal trabajador, yo era menos que cualquiera. Y vivía siempre mirando hacia arriba, observando al resto del mundo, sabiendo que nunca llegaría a estar a su altura. Todos eran mejores que yo. Todo lo que yo hacía carecía de importancia. Todos mis logros eran inferiores a los del resto. Y eso me hizo pequeñito. Muy pequeñito, casi invisible.

Pero vivía feliz. Al menos eso creía yo. Porque lo había hecho una constante en mi vida, y se había asentado en mi cabeza y en mi corazón. Toda esa mentira me había dominado, me la había creído y la aceptaba. Esa era mi vida. Eso es lo que me había tocado vivir. Ser al que nadie presta atención. Solo cuando había que echarse unas risas. Con el tiempo descubrí que esa era mi percepción de mi propia vida. Que mi entorno siempre creyó en mi valía ante el mundo, aunque yo no les creyera a ellos cuando me lo decían. Pero aprendí a cambiar todo eso…

Y hasta aquí la primera parte de este post, que continuaré la semana que viene.

¡Sé feliz porque te lo mereces!

SOMNIA (o los sueños convertidos en pesadillas)

Somnia (2016)


Dirección: Mike Flanagan

Reparto: Kate Bosworth, Thomas Jane, Jacob Tremblay, Annabeth Gish, Dash Mihok, Scottie Thompson, Justin Gordon

SINOPSIS

Jessie y Mark son un matrimonio joven que perdió a su hijo en un trágico accidente doméstico. Deciden adoptar a Cody, un niño que vive en una casa de acogida y que tiene pánico a quedarse dormido. Ya instalado en casa del matrimonio, la pareja descubrirá que Cody es capaz de hacer los sueños realidad. Pero también las pesadillas.

OPINIÓN PERSONAL DE «SOMNIA»

Hoy te traigo una película del 2016, que aunque su premisa puede hacerte creer que es una película de terror al uso, realmente no lo es.

Empezando por su director, ya me llamó la atención y me picó la curiosidad por ver un nuevo trabajo suyo. que ya había visto alguna de sus anteriores películas, como la maravillosa “Oculus”, “Ouija, el origen del mal” (para mi gusto mejor que la primera parte) o “Hush”, un thriller muy interesante. Y lo cierto es que no me equivoqué al elegir sentarme a verla. Más tarde, mi gusto por este director se ampliaría con “El juego de Gerald” (tremenda adaptación de Stephen King), “Doctor sueño” (ídem de Stephen) o la estupenda serie “La maldición de Hill House” y su secuela “Bly Manor”.

Esta película la puedo considerar un thriller psicológico con algún toque de terror. Esos sustos que hacen necesaria la evolución de la trama, pero que no basan la existencia de la historia en ellos. Lo importante es el recorrido que realizan los protagonistas para entender todo el realismo mágico que sucede a su alrededor. Entenderlo, aceptarlo y solucionarlo. Conseguir encajar todas las piezas de ese puzle que son como nueva familia. No les resultará fácil, puesto que ninguno es capaz de verbalizar sus necesidades más ocultas.

Película con niño raro, matrimonio que no entiende nada y cosas que ocurren en la casa familiar y por la noche. Parece típico, de hecho la premisa está bastante trillada. Al menos para mí, que veo muchas películas con esta base argumental (Babadook, The Prodigy). Pero a diferencia del resto, esta película no trata de asustar por asustar. Hay un por qué, hay una razón. Hay un objetivo diferente a lo habitual en este tipo de historias. De hecho su final es como poco sorprendente. Tampoco pasará a los anales de la historia (de hecho no es que sea muy conocida), pero promete y ofrece un buen rato delante del televisor. Toda la historia se explica muy bien al final (cosa que no suele ocurrir) para cerrar un círculo coherente, donde todo se entienda. Porque a veces tira del drama en exceso, pero eso dota a la cinta de un carisma que pocas tienen. Ese punto exacto entre la realidad y la ficción. Donde los personajes “vivos” poseen la personalidad suficiente como para llegar a entenderlos y sentir con ellos todo lo que les está ocurriendo.

Se agradece la ausencia de sangre, recurso muy utilizado en este tipo de productor, pero aquí el director trabaja más la psique de los protagonistas y ahondar en la historia y su origen, antes que recurrir a litros de sangre, casquería o jumpscares en exceso. Los tiene, no te lo voy a negar, pero muchos de ellos son esperados, gracias a la colocación de la cámara, los giros de cabeza… vamos, lo que ya conocemos después de tantas películas visionadas. Pero para mi gusto, me resulta mucho más aterrador cuando el director enseña lo que el protagonista no es capaz de ver y nosotros sí, enmarcado en un silencio absoluto. Ya sabemos que elevar el volumen del sonido justo en el instante del susto, amplia ese sobresalto en nuestro sofá. Todos hemos vivido esos momentos.

Otro de las características que nos demuestra que no es una película de terror, aparece en la lucha final, así como en la consiguiente explicación de la resolución de la historia. Un final de cuento, para una historia de cuento. Algo oscura, sí, pero una historia con un final precioso que hace pensar.

Al final, lo que podemos sacar en claro es que nuestras pesadillas están creadas por nuestra imaginación y pueden ser terriblemente horribles. Pero gracias a nuestra imaginación podemos convertirlas en preciosos sueños.

¿Conocías esta película? ¿Te gustó? Déjame tu comentario más abajo.

¡Nos vemos la semana que viene!

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