TIBURÓN 2 (o más miedo bajo las aguas de Amity)

Tiburón 2 (1978)


Dirección:  Jeannot Szwarc

Reparto: Roy Scheider, Lorraine Gary, Murray Hamilton, Mark Grunner, Marc Gilpin, David Elliott, Ann Dusenberry, Gary Springer, Donna Wilkes, Barry Coe, Cindy Grover.

SINOPSIS

Media década después del ataque del gran tiburón blanco en la pequeña localidad costera de Amity, todo parece haber vuelto a la normalidad. El verano vuelve y con él, los turistas, las fiestas veraniegas y la playa. Un ataque a unos buzos y un accidente en una lancha motora, vuelve a poner al jefe Brody en pie de guardia ante la posibilidad de un nuevo escualo bajo las tranquilas aguas. Para desgracia del teniente Brody, un gran tiburón blanco vuelve a acosar a los habitantes de Amity.

OPINIÓN PERSONAL DE «TIBURÓN 2»

Pues aunque ha pasado mucho tiempo desde que te hablé de “Tiburón”, el gran clásico de Spielberg, hace unos días volví a ver esta segunda parte y me reafirmo en lo que dije en su momento cuando te hablé de la primera parte. Esta me gusta más. ¡Sacrilegio! ¡A la hoguera con él! Seguro que haya quien se rasgue las vestiduras, pero es mi realidad. A mí me pareció bastante más trepidante esta segunda parte, con más posibilidades de horror, al haber tantas víctimas potenciales. No le resto su estatus de clásico del terror a la obra maestra de Spielberg, pero tengo que reconocer que esta secuela abandona el tono serio y metafísico de los tres protagonistas de la original, para sustituirlo por la acción y el espectáculo en todo su esplendor.

Volvemos a Amity, vuelve el tema icónico de John Williams y la fiesta está lista. Los mismos personajes odiosos, como el alcalde que no se baja del burro ni con pruebas claras de los ataques, los adolescentes que hay veces que te apetecería abofetearlos… Pero esa adrenalina de ver como se acercan los ataques, ese agua moviéndose, esas tomas bajo el agua acercándose a las víctimas… eso a mí me aterra y a la vez me encanta. Y Szwarc toma el relevo de Spielberg realizando una continuación de algo que ya conocemos. Que ya sabemos lo que hay. ¿Por qué volver a ahondar en la psique de los personajes, si podemos ir directos al grano? Ya no existe sorpresa, sabemos lo que hay bajo el agua. Pues a por ello. Y el director se lanza a ese trabajo.

Desde su inicio, entremezcla la presentación de los personajes que formarán parte del último tramo de la historia con los ataques indiscriminados del escualo a personajes desconocidos. No hay momento para el respiro, desde el comienzo todo va tomando forma y presentando lo que nos espera. Y a mí eso me gusta bastante. Como ya dije en su momento, yo tendría la edad del hijo pequeño de Brody cuando vi esta película y obviamente, de ahí me viene mi pánico al mar. A no hacer pie en el mar, matizo. Hasta el cuello y aún ahí, se me acelera el corazón. Traumas, gracias a estos dos directores, pero más aún al director de esta segunda parte, que colocó a un niño de mi edad frente al gran tiburón.

Aquí el tiburón hace acto de presencia mucho más que en su predecesora. Al fin y al cabo, a pesar del éxito de “Tiburón”, a Spielberg le hubiera gustado mostrar mucho más en escena a su escualo, pero no pudo. Y esa baza, que probablemente fue algo negativo para él, jugó a su favor para conseguir el éxito. Y como aquí no hacía falta insinuar, pues mejor mostrarlo.

Los protagonistas realizan un muy buen trabajo, ya no solo los tres principales, sino en el último tercio de la película, todos esos adolescentes varados en alta mar. Las escenas de ataques están bien filmadas, provocan esa tensión deseada y la actuación de los adolescentes las vuelve creíbles.

Vuelve el verano, vuelven los turistas, y ahora los hijos de Brody toman importancia en la historia. Mike es un adolescente con las hormonas revolucionadas y Sean es un pre púber con ganas de ser mayor como su hermano. Todos los amigos de Mike deciden irse en sus barcas a navegar. Una docena o más, lo que hace presagiar que la escabechina está servida. Cuando aceptas que no vas a ver otro “Tiburón”, sino un filme de acción y aventuras, lo disfrutas mucho más.

Si no has visto esta segunda parte (que lo dudo), lo mejor es verla sin pensar que es una segunda parte, o que bebe de la primera, porque es un gran lastre para ella. El ser comparada con… el ser una continuación de… Todo ello le resta una importancia que para mi gusto aún posee. Un pre slasher con adolescentes en alta mar. Y ese pedazo de tiburón. Y mis miedos infantiles afianzándose gracias a estas dos películas.

¿Conocías esta película? ¿Te afectan este tipo de historias a la hora de bañarte en el mar? ¡Déjame tu comentario más abajo!


CAM (o hackeada hasta el extremo)

Cam (2018)


Dirección: Daniel Goldhaber

Reparto: Madeline Brewer, Samantha Robinson, Patch Darragh, Melora Walters, Devin Druid, Imani Hakim, Michael Dempsey, Flora Diaz, Jessica Parker Kennedy

SINOPSIS

Alice trabaja desde casa como cam girl de forma anónima, consiguiendo separar su vida privada de su vida laboral. Pero un día descubre que alguien ha hackeado su cuenta para conseguir su posición entre las mejores cam girls. Y lo más preocupante de todo, quien lo ha hecho es una réplica exacta de ella misma.

OPINIÓN PERSONAL DE «CAM»

Aquí estoy de nuevo para hablarte de una película del 2018 y que a título informativo, si no fue la primera, fue la segunda película que vi en la plataforma Netflix. Por la misma época que «La perfección», de la que te hablé hace un tiempo. La razón, por supuesto fue el tráiler. Me encantan los trailers. Aunque con el paso del tiempo, me he dado cuenta que ese afán por conseguir espectadores, ha hecho que las productoras destripen casi todas las películas ya desde esa publicidad. Y Netflix no se queda atrás, porque de hecho creo que es quien más destroza sus estrenos con los trailers.

La historia me pareció interesante ya desde su sinopsis. El hecho de no poder acceder a tu cuenta (ya seas una cam girl o simplemente tu instagram) es algo que a todos nos puede pasar. Está a la orden del día, y la protagonista lo sufre en sus propias carnes. Y a niveles totalmente insospechados, sobre todo económicos. La suplantación de identidad es algo que ocurre y seguirá ocurriendo porque todo lo que se esconde en la red, es algo que a la gran mayoría se nos escapa. Pues aquí la protagonista pierde su fuente de sustento y debe hacer frente a algo que no entiende. Alguien ha suplantado su identidad frente a una cámara en vivo… A mí me resultó curioso. Ya en “La red” de Sandra Bullock, allá por el 95, observábamos la impotencia de una Angela Bennett a la que le habían robado su vida y se convertía en una delincuente gracias a los tejemanejes de una empresa poderosa. En aquella película, eran datos, informaciones. En esta, Alice hace frente a alguien que se cuela en sus shows en vivo, igual que ella y comienza a beneficiarse de todo lo que Alice ha conseguido con esfuerzo. Imagino que eso me incitó a verla. Obviamente, a mí las cam girls pues como que no, por lo que el visionado de esta película nada tiene que ver con el morbo de poder ver algo más subido de tono (que por cierto no lo hay, nada más allá de escenas que insinúan pero no muestran, lo cual le ofrece un tono de película seria).

La actriz protagonista. Madeline Brewer (El cuento de la criada), es la que lleva todo el peso de la cinta, puesto que sus compañeros de reparto, básicamente la acompañan para que ella pueda expresar en ciertos momentos de la película sus inquietudes, sus miedos y la situación que está viviendo durante la película. Por lo que el resto de los personajes, aparecen delineados de forma excesivamente básica. Ello refuerza el trabajo unipersonal que hace la actriz durante casi el 99% del metraje. Aunque “El cuento de la criada” se estrenó un año antes de esta película, yo vi antes “Cam”. Así que cuando empecé a ver la serie de Gilead y apareció Madeline en escena, fue una grata sorpresa (algún día analizaré esta serie, que tiene también mucha miga). Alice es un personaje con muchas aristas, y Madeline consigue que empatices con ella casi desde el minuto uno. Y mucho más intensamente cuando todo empieza a torcerse.

La estética resulta muy kitsch, con esos colores centelleantes tanto en el mobiliario como en la habitación de Alice. Al fin y al cabo, ofrece una visión muy realista de como suelen ser los escenarios que se utilizan en este tipo de páginas web. Además, esa estética tan excesiva refuerza las tomas que se realizan en el resto de su apartamento, en casa de su madre o en otros espacios. Consigue mostrar un mundo imaginario, falso, creado única y exclusivamente para deleite de clientes ávidos de excitación. Una mentira con alfombras de pelo, purpurina y plumas de colores. Todo un escenario que trata de ser real para quien lo mira.

La historia me pareció interesante. Realista, por supuesto que no. Tampoco creo que haber buscado un final realista hubiera tenido mucho sentido. El robo de identidad tampoco es un recurso novedoso, por lo que lanzarse a alguna red de falsificadores o tramas gubernamentales ocultas habría sido repetir una vez más. Por lo que el giro que nos ofrece esta historia me pareció algo diferente. ¿Que no aclara en su totalidad su cometido? Puede que no. O quizás sí. En cada uno de nosotros está el buscar el mensaje cuando los títulos de crédito aparezcan…

Como detalle nimio, pero en lo que me gusta mucho fijarme, es en las fuentes que se utilizan en los títulos, trailers, etc… Me encanta la tipografía que utilizan en este filme, porque resulta muy ochentero, recordándome a antaño… Y aunque lo utilizan tanto en el tráiler como en la película, en el cartel que he encontrado, la tipografía es muy básica, perdiendo para mí parte de ese encanto. Pero bueno, detallito sin importancia…

Para terminar, me pareció una premisa interesante, que no decae en ningún momento. La actuación de Madeline Brewer es muy aceptable y está muy bien filmada. Una forma de conocer los entresijos de las cam girls sin tener que navegar por la red ni gastarse ni un solo «token».

¿Conocías esta película? ¿Te gustó? No olvides dejar tus comentarios más abajo.

¡Hasta la próxima!


COMPAÑEROS INSEPARABLES (o la enfermedad que sacudió al colectivo)

Compañeros inseparables (1989)


Dirección: Norman René

Reparto: Campbell Scott, Stephen Caffrey, Bruce Davison, Dermot Mulroney, Brian Cousins, John Dossett, Mark Lamos, Michael Schoeffling, Mary-Louise Parker, Patrick Cassidy

SINOPSIS

Durante la década de los ochenta, una enfermedad desconocida irrumpía en el mundo. Conocida como SIDA, comenzó afectando a la comunidad homosexual. Mezcla de diferentes síntomas, la comunidad médica no sabe cómo detectarla y mucho menos, cómo combatirla. Un grupo de amigos gays trata de afrontar esta nueva enfermedad con seguridad y aplomo. Aunque no todos lo conseguirán.

OPINIÓN PERSONAL DE «COMPAÑEROS INSEPARABLES»

A llorar se ha dicho. Anoche volví a ver esta película a la que le tengo un cariño especial. No recuerdo exactamente cuando la ví (incluso podría haberla visto poco después de su estreno, a principios de los 90), pero recuerdo que me marcó bastante, porque yo sí viví aquella época, aunque fuera un crío. Recuerdo los comentarios acerca de esa nueva enfermedad, que solo afectaba a drogadictos y maricones. Un estigma que costó décadas anular. Uno de tantos.

Para comenzar a explicarte un poco esta película, debes saber que la trama gira en torno al Sida, no sobre el VIH. Hay que diferenciarlo muy bien para poder llegar a entender esta historia. Breve explicación: el VIH sin tratamiento, provoca complicaciones transformándose en Sida. En la historia que nos encontramos, no se sabe nada del VIH, por lo que directamente todas esas complicaciones derivan en enfermos de Sida, que es la fase final de la enfermedad. Esa es la razón por la que en aquellos años fallecieron tantísimas personas por esta enfermedad. Cuando se estudió el VIH, fue cuando todo comenzó a estabilizarse. Sin olvidar que esta plaga se ha cobrado la vida de más de 40 millones de personas desde 1981. Ahí es nada.

No es una película de visionado fácil. Es decir, el tema ya de por sí es bastante delicado. Puede que en algunos momentos carezca de un rigor histórico o médico, pero recuerda que se hizo cuando esta enfermedad era algo desconocido para la comunidad médica (o eso nos hicieron creer), por lo que está basado en informaciones más bien confusas. La evolución de todos y cada uno de los personajes tiene una carga dramática muy potente. Cada sentimiento, cada acción, repercute en su entorno, en sí mismos. Duele hasta el fondo del alma, el desamparo en el que se encuentran, la impotencia al ver morir a sus mejores amigos, a sus parejas, a todo su entorno. Una vida que se va desmoronando en un momento en el que comenzaban a sentirse cada vez más libres. Una mancha más a la que atacar para el sector más homófobo de la sociedad. Y lo siento, luego habrá gente que pregunte que el Día del Orgullo… ¿para qué?

Es una película sencilla a la hora de su filmación. Es decir, estamos hablando de finales de los ochenta, por lo que el método de filmación es directo, sin tanta tecnología como existe a día de hoy. Pero es que tampoco le hace falta. El recorrido de los personajes está confeccionado en pequeños bloques que abarcan diferentes momentos entre 1981 y 1989. Comienza la mañana del 3 de julio de 1981, cuando el New York Post publicó el primer artículo acerca de una nueva enfermedad que se transmitía entre hombres homosexuales y finaliza en julio del 89, con los protagonistas caminando por la playa. La historia está plagada de una humanidad pocas veces vista hasta aquella época. El miedo a perder lo que tienen, la tristeza ante un final inminente y sin solución. La descarnada realidad de luchar contra algo que no sabes cómo combatir (mejor ejemplo que el reciente Covid, no lo hay, por desgracia), pero que deseas que no llegue a tocarte de cerca. Aunque a todos ellos les toca demasiado de cerca. Y eso hace de esta una película dura, pero necesaria. Porque el pasado, y lo diré hasta que me canse, no se debe olvidar (Prep, muy bien, pero está ahí por todos los que murieron, empatía), porque el olvido causa la repetición.

Uno de los puntos a favor es la normalización del colectivo, teniendo en cuenta el año en que se filmó. El director nos muestra la vida de un grupo de amigos gays y la forma en la que cada uno de ellos afronta la llegada de esta nueva enfermedad. El miedo, la tristeza, la indiferencia, el caos. Todos tienen miedo a ese bicho que, gracias a la prensa de la época, pueden contraer por ser como son. Los que tienen todas las papeletas, y por desgracia, así fue durante bastante tiempo.

Hay que tener en cuenta que su director, Norman René, fue uno de los afectados por el virus del SIDA y falleció en el año 96 a causa de esta enfermedad. Puesto que si alguien conocía de primera mano lo que estaba sucediendo, era él, por desgracia. Un retrato intimista, sincero, crudo y cruel acerca de una época convulsa en la que al propio rechazo directo de gran parte de la sociedad hacia este colectivo, se le unió una enfermedad que asoló a miles de homosexuales durante esos primeros años de desconocimiento.

Porque al final, le pese a quien le pese, esta enfermedad NO es una enfermedad de personas homosexuales. Aunque haya muchos que así lo sigan creyendo.

¡Cuídate mucho y pasa una feliz semana!

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DIRTY DANCING 1987 (o cómo un baile nos cambió a todos)

Dirty dancing (1987)


Dirección: Emile Ardolino

Reparto: Jennifer Grey, Patrick Swayze, Jerry Orbach, Cynthia Rhodes, Jack Weston, Jane Brucker, Kelly Bishop, Lonny Price y Max Cantor

SINOPSIS

A principio de los años 60, la familia Houseman viaja a un balneario para descansar y disfrutar de las vacaciones de verano. La hija pequeña, Baby, aburrida y solitaria, conoce en el balneario al bailarín Johnny Castle, uno de los animadores del lugar. Al instante queda prendada de él, de la vida de los trabajadores del hotel, y sin darse cuenta se va introduciendo en aquel mundo, tan distinto al de su familia de clase alta. Las diferentes clases sociales tratarán de mantenerlos alejados, pero el ritmo de la música les unirá irremediablemente.

OPINIÓN PERSONAL DE «DIRTY DANCING 1987»

Bueno, he tardado en hablarte de esta película, puesto que el post en el que hablé del remake de 2017 (aquí puedes leerlo) es de hace casi dos años… Y en él te dije que algún día te contaría mi opinión sobre la película original. Así que, más vale tarde que nunca, aquí va mi opinión sobre «Dirty Dancing», la original, tras mi parón veraniego. Vuelvo a la carga…

El remake del que hablé en su momento, ha sido a día de hoy, mi única crítica “negativa” acerca de algo que he visto, pero en este post podré justificarte el porqué de aquella reseña y las razones que me llevaron a tener esa opinión acerca de aquel remake innecesario.

Algunos alegan que la cinta ha envejecido mal. Mentira. Es una película de los ochenta y tiene ese regusto en la forma de recordar los años pasados que tanto nos gustaba en aquella época (léase «Grease», de finales de los 70, pero evocando los 50 por ejemplo, o «Regreso al futuro»). Nunca entenderé esa manía de echar por tierra películas de otras épocas. Y lo repetiré una y otra vez, porque es una ley en mi vida. Si no lo has vivido, no lo critiques. Nunca criticaré los guateques que hacían mis padres, porque no los he vivido. Pues esto es lo mismo. Si no has vivido los ochenta, opina, pero no critiques. Pero es una batalla perdida. Lo sé.

La historia es básica, no hay que darle muchas vueltas. Chica conoce chico, se enamoran y no pueden estar juntos. Pero es que esa manía de querer rizar el rizo, querer buscar donde no hay por alardear de experto en filmografía me sobrepasa. Es una historia de amor (aunque ella tuviera diecisiete años) y hay que verla dentro de ese espectro. Es como tratar de buscarle el lado filosófico y teocrático a «Pretty woman». No señoras y señores. Son historias. Ya está. El hecho de que Baby tuviera en la película 17 años, a día de hoy sería inconcebible. Cerrarían los cines, habría manifestaciones, demandas… Pero en aquella época, poco nos importaba analizar si ella era menor de edad, porque lo importante eran los bailes, la historia de amor, las clases sociales, vamos, el grueso. No éramos tan microscópicos como lo son muchos a día de hoy (si no, busca los memes acerca de la relación lésbica de «Lightyear», penoso).

Un apunte importante, que yo ya sabía desde hace años, pero no en el momento de su estreno, fue la relación entre sus protagonistas, Patrick Swayze y Jennifer Grey. No se llevaban bien, pero nada bien. Prácticamente no se soportaban. ¿Lo notaste en alguna escena de la película? Imposible, de hecho se supo al cabo de muchos años. Porque los dos tenían una química increíble ante las cámaras. Eso es lo que hace que seas capaz de creerte una historia, la química entre los protagonistas. Y también demuestra la valía como intérpretes, porque sus desavenencias tras las cámaras, nunca afectaron al resultado final de la película. Esta es la gran diferencia entre esta peli y su remake. La química entre ambos. En el remake no existía y aquí sí. Y probablemente Abigail y Colt (los protas del remake) se llevarían a las mil maravillas fuera del set, pero dentro… Fríos como el hielo. Y en la original fue a la inversa.

La banda sonora es increíble, rescatando clásicos de los años sesenta, entremezclándolos con nuevos temas de la época. Muchas canciones te sonarán, porque estás vivo. Es que no hay más, son canciones de toda la vida, y te gusten o no, te sonarán. Compactan a la perfección con la historia, todas y cada una de ellas.

Los bailes. Madre mía, aquellos bailes que hacían los chicos en su zona de descanso cuando los huéspedes del balneario dormían… Sí, obviamente, si eres joven, esos bailes a día de hoy te parecerán hasta demasiado puritanos, visto lo visto en internet y la evolución del movimiento de los cuerpos de baile. Pero eso, nunca le va a quitar a esta película su estatus de que rompió moldes con pasos muy sensuales, casi eróticos para la época y mucha, mucha piel con piel. Y esa forma de bailar nos sorprendió a toda una generación de adolescentes (aunque la Lambada, un par de años después volviera a cortocircuitarnos), por lo sensual, lo descarado, lo “sucio”.

Obviamente su escena más recordada es el final de la película con el tema “I’ve had the time of my life”, ganador de un oscar. Y esa escena resume a la perfección lo que esa película quiere enseñarnos. Pasar un buen rato, no tiene por qué ser el mejor de tu vida claro está, pero que se sigue disfrutando su visionado a día de hoy, eso es innegable. Porque una película que te hace evadirte de la realidad, ha conseguido su propósito, y «Dirty Dancing» lo sigue consiguiendo. Al menos a mí.

Bueno, creo que con todo lo dicho es suficiente para que sepas mi opinión acerca de este clásico, que imagino que habrás visto, al menos una vez. Y si no, pues ya sabes, te animo a que le eches un ojo, siempre que ese ojo no sea desde el prisma de la mentalidad de 2022. Abramos la mente y no diseccionemos cada fotograma.

¡Feliz semana!

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PERFECT SENSE (o el recorrido hacia lo desconocido)

Perfect sense (2011)


Dirección: David Mackenzie

Reparto: Ewan McGregor, Eva Green, Connie Nielsen, Ewen Bremner, Stephen Dillane, Denis Lawson, Anamaria Marinca

SINOPSIS

La tierra se enfrenta a una epidemia global totalmente desconocida. Sin saber por qué, todos los seres humanos están perdiendo sus sentidos: el olfato, el gusto, el oído, y por último la vista. Un chef conoce en medio de todo este desconcierto a una viróloga y el amor surge entre ellos de forma tan intensa como el caos que los rodea. Ambos tratarán de hacer frente a la evolución de la epidemia, mientras su amor crece a la misma velocidad que el virus, cerrando poco a poco las puertas a un final feliz.

OPINIÓN PERSONAL DE «PERFECT SENSE»

Hoy quiero hablarte de una película de hace unos añitos, pero que revisité hace poco (ya sabes que ahora escojo más al detalle lo que veo) porque tenía ganas de analizarla más al detalle. «Perfect sense» fue un bello descubrimiento en su momento y a día de hoy me ha vuelto a emocionar al verla de nuevo. Sí, he llorado. Porque es una historia para llorar, al menos a mí así me lo parece.

Empezaré diciéndote que Ewan McGregor es uno de mis actores favoritos, por lo que ya el punto a favor para visionarla lo tenía. Y eso no implica que sea imparcial, puesto que he visto cosas de Ewan que no me han gustado nada, la verdad. Su compañera de reparto, Eva Green, me parece una muy respetable actriz que conocí en «Soñadores» y luego en la estupenda serie «Penny Dreadful». O sea, que la idea de verla en su momento empezaba bien. No es una película de mucha duración (no llega a los noventa minutos), pero tras verla, sientes que no necesitas que esa historia se alargue tontamente. Cosa que por desgracia ocurre en muchas de las películas de hoy en día.

La idea de una pandemia mundial (dejando de lado la que hemos vivido por desgracia hace poco) siempre va unida a la idea del fin del mundo. Y eso, si nos paramos a pensar, nos transporta a la idea de un buen blockbuster lleno de efectos especiales, historias de superación, héroes y antihéroes y toda esa vaina. Pero esta película, como reza su epígrafe bajo el título, es una moderna historia de amor. Por lo que ya sabes que esto no va a ser un «Armageddon». El mundo va camino de un desastre a nivel humano, en el que las fuerzas de la naturaleza no tienen nada que ver. Un virus ataca a los seres humanos y estos van perdiendo progresivamente todos sus sentidos. Uno tras otro, irremediablemente. Y dos extraños cruzan sus caminos, se enamoran y se enfrentan a esa nueva realidad que no para de cambiar. Y por desgracia para peor. Cada nueva falta de sentidos, provoca en ellos nuevas reacciones, a veces buenas, a veces malas, pero demostrando que el ser humano trata de aclimatarse a los cambios de diferentes formas. Aunque a veces no sean las correctas.

Los parlamentos que tienen los protagonistas se degustan con el placer de analizar cada palabra, cada frase, cada pensamiento. Al ser una cinta de duración excesivamente corta, cada momento está estructurado para no ser alargado más de lo necesario. Expresar la idea principal y no perderse en eufemismos baratos. La película es directa y concisa. No se anda con medias tintas y va a l grano desde el minuto uno. Y eso es de agradecer. Al menos para mí.

Por mucho que los eruditos quieran buscarle tres pies al gato y sus detractores quieran tacharla de absurda, lo cierto es que «Perfect sense» es una historia de amor hacia la vida. Una historia que nos demuestra que los sentidos son importantes, pero más aún lo son los sentimientos. Podemos perder todos los sentidos. Podemos perdernos en la oscuridad y el caos. Pero si el amor nos llena, somos capaces de seguir adelante. Hasta el fin que nos depare la vida. Y eso es lo que demuestran los protagonistas en ese camino que recorren juntos, mientras la pérdida de cada uno de sus sentidos, les modifica, les transforma, les redirige por un nuevo camino.

Buena banda sonora, estupenda fotografía, dos protagonistas que conectan desde la primera secuencia en la que aparecen juntos y un final emotivo que te rompe el corazón. Es de esas películas que tras terminar de verla, debes dejar pasar un tiempo para que todo lo que te ha removido por dentro, se vaya colocando de nuevo en su sitio. Una preciosidad, sin duda.

Así que para terminar, simplemente invitarte a que descubras esta película, si no la conocías, y descubras una historia de amor fuera de lo común. ¡Nos vemos la próxima semana!

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LOS GOONIES (o cuando los niños eran simplemente niños)

Los Goonies (1985)


Dirección: Richard Donner

Reparto: Sean Astin, Corey Feldman, Josh Brolin, Martha Plimpton, Joe Pantoliano, Kerri Green, Jeff Cohen, Jonathan Ke Quan, Anne Ramsey, John Matuszak y Robert Davi.

SINOPSIS

Los hermanos Mikey y Brandon Walsh viven en los muelles de Goon, un apacible pueblecito que va a ser derruido para crear un complejo hotelero con campos de golf. Un día de tormenta, deciden subir al desván y encuentran un mapa de un tesoro perdido. Junto a los amigos de Mikey, que se hacen llamr “Los Goonies”, deciden embarcarse en la búsqueda de ese tesoro, que podría salvar los muelles de ser derribados. A escondidas de su hermano mayor, Mikey y sus amigos emprenden una aventura llena de trampas, persecuciones y pasadizos secretos.

OPINIÓN PERSONAL DE «LOS GOONIES»

Creo que este tiempo alejado de la web e inmerso en proyectos teatrales y literarios me han transformado un poquito. Con poco tiempo para la distensión y el relax, mis gustos se han ido haciendo más selectivos a la hora de tumbarme en el sofá a disfrutar de imágenes catódicas. Muchas noches he revisionado clásicos de mi época favorita, los ochenta.

Tengo que decirte, que si a día de hoy no has visto “Los Goonies”, no has visto una película inolvidable. Le pese a quien le pese y le moleste a quien le moleste (que hoy en día es muy fácil molestar a cualquiera), los ochenta fueron, son y serán la mejor década. Y no lo digo solo por el hecho de haberla vivido. Lo digo porque he vivido las siguientes, con la misma intensidad, con mayor madurez y por eso lo creo a pies juntillas. El nacimiento de una nueva era tecnológica, mezclado con la inocencia de aquellos que se conformaban con un bocadillo de nocilla y unas chapas para jugar en la calle. Para todas esas personas, los Goonies fueron nuestros héroes de fin de semana. Les envidiamos por poder vivir todas aquellas aventuras.

Para alguien que creció con los Goonies, puede resultar tan fácil como previsible que defienda este film ochentero… Para alguien que creció con ellos, como yo, se demuestra que ha pasado mucho tiempo, y por lo tanto ha visto muuuucho cine, mucha evolución en el séptimo arte, y de ahí ésta crítica. Te presento una película de aventuras juveniles sin pretensiones grandiosas, sin efectos especiales millonarios, una comedia sin chabacanería, sencilla y divertida. Simplemente es una película que a los que no crecieron con un ipad en la mano, sino con una espada de plástico pobre imitación de Star Wars… consigue transportarles a esos muelles y hacerles partícipe de las increíbles aventuras de unos adolescentes que sólo esperaban pasar un buen rato en busca de un tesoro. Y que jamás imaginaron vivir lo que vivieron.

Es sorprendente, como a día de hoy (véase la nueva versión de IT como claro ejemplo) a los jóvenes es sencillo colocarles una serie de palabras malsonantes y zafias, simplemente por el hecho de estar en la década de los 20 donde todo es permisible. A mí me sigue chocando escuchar a niños de 11 y 12 años, hablar de tirarse a la madre del otro o de cómo tiene de grande su aparato, me habré quedado anticuado. Por eso siento “Los Goonies” algo tan limpio y claro. Y que conste que yo tengo una boca muy sucia cuando quiero… Pero a esa edad, como que no. Es obvio que la vida está cambiando, pero lo siento, prefiero a un grupo de Goonies, antes que a los niños de “IT” (y que conste que me gusta la película y mucho, pero…).

Mítico es Sloth, mítica es la canción de Cindy Lauper, mítico es el órgano de esqueleto, la confesión de Gordi, el beso de Mikey, los toboganes o Bocazas hablando con Rosanna. Tantos y tantos momentos llenan el metraje de este filme, que no hay lugar para el respiro. Porque ya desde el principio de la película, se nos presentan a todos los personajes, los buenos y los villanos. Y tras ese frenético comienzo, la aventura está servida.

Un detalle que me encanta es el guiño que esta película hace a uno de los éxitos del año anterior “Gremlins”, en el momento que Gordi está pidiendo ayuda por teléfono al sheriff y este no le cree. Obviamente, el guionista de ambas películas es  Chris Columbus, por lo que se dio el gusto de recordar su taquillazo anterior…

Tuve la suerte de volver a verla en el cine antes de nuestra querida pandemia, con un reestreno que hicieron. Maravilla. Deberían hacerlo más veces. Ya lo hice en su momento con el reestreno de Grease (que no vi en el cine en su época) y creo que son experiencias que deberían vivirse de nuevo. Ver la aventura de este grupo en pantalla grande fue alucinante. Ese día sí que me transportó a mi infancia… Porque este tipo de películas, marcaron a muchísima gente y dejando de lado su mejor o peor calidad artística, tengo que afirmar, que no todos los clásicos son perfectos. Y que la condición de clásico no se fundamenta solo en una factura impecable en la filmación, interpretación y producción. Clásico es todo aquello que perdura en el imaginario. Le guste o no al vecino.

No voy a defender los ochenta como un cuarentón desesperado por hacer ver que su infancia fue mejor que la de los millenials, para nada. Pero Indiana Jones, Marty McFly, Bitelchus, Freddy Krueger, Bastian y Atreyu, E.T., Annie, Gizmo, Buttercup, Batman y Alien están de acuerdo conmigo. Y están felices de haber nacido en los ochenta.

Así que en definitiva, desde mi punto de vista, lo mejor que ofrece “Los Goonies”, es que son niños haciendo locuras de niños y actuando como niños. Y en contraposición, lo más triste es que la gente haya perdido la inocencia para disfrutar de éste tipo de películas.

¿Eres un Goonie? ¿Eres fan de las películas de los 80? ¡Deja tu comentario!

Hasta la próxima!!!